sábado, 15 de noviembre de 2014

Fuentes del Odra

El río Odra nace en las laderas de la Lora muy cerca del pueblo burgalés de Fuenteodra. Sus fuentes se encuentran en un gran circo rocoso donde destaca la espectacular cascada de la Yeguamea, cuyo chorro mana violentamente desde una pared vertical. En la excursión, visitaremos la cascada y subiremos al punto más alto de la lora, la Peña Lora.

Para llegar al pueblo de Fuenteodra, tenemos dos posibilidades: a través de Villadiego-Sotresgudo hasta Humada o por la carretera de Aguilar de Campoo desviándonos en Talamillo del Tozo.


Fuenteodra


El pueblo se ubica muy cerca de la lora, a medio camino de las peñas Amaya y Ulaña, cuyas siluetas abarcan todo el paisaje hacia el sur.

Silueta inconfundible de la Peña Ulaña vista desde Fuenteodra.
Entramos por sus calles y dejamos el coche en su parte alta, junto a la iglesia. Fuenteodra se emplaza ya muy cerca del anfiteatro rocoso donde el río Odra tiene sus fuentes. Para llegar a él, debemos retornar hasta la carretera y caminar por ella apenas 200 metros en dirección Humada para tomar el camino, muy amplio, que se dirige hacia la montaña, que queda a nuestra izquierda. Ya desde la lejanía, vislumbramos el circo rocoso. Según nos acercamos, visualizamos ya la Cascada de la Yeguamea, que tiene la particularidad de brotar a modo de chorro perpendicularmente de la pared rocosa. En realidad, este chorro no es nada fácil de ver, solo en los años de fuertes lluvias y nieves, y justo durante el deshielo, es posible visualizarlo.

Vemos la cascada de la Yeguamea desde el camino de Fuenteodra.
Estamos en marzo, el deshielo acaba de producirse y encontramos la fuente en todo su esplendor.En el circo desagua no solo el chorro de esta cascada, sino otros arroyuelos menores que se precipitan desde pequeños surcos esculpidos en la roca de donde brotan espontáneamente. Todos ellos alimentan el naciente río Odra, que desembocará en el Pisuerga tras recorrer algo más de 65 kilómetros.



Video de la Cascada de la Yeguamea



Tras fotografiar la cascada, continuamos por el camino que traíamos y sube poco a poco hacia la plataforma rocosa que se halla sobre el circo. El sendero gira hacia la derecha y deja el circo atrás.
Caminamos por una amplia pista junto a un gran surco. Todo el paisaje que contemplamos es el fruto de una intensa erosión sobre la piedra caliza durante millones de años, que aún continua. Si nos fijamos, apreciamos incluso la primera fase de la formación de un desfiladero en una pequeña barranquera en pleno proceso de erosión.


Tras recorrer unos cientos de metros por este vallejo, el camino gira hacia la izquierda buscando el páramo, subiendo ya por un sendero menos marcado, por lo que debemos estar atentos a no despistarnos porque no es evidente en algunos tramos.
Alcanzamos el llano, ya a la vista de un bosquete, tras del cual debemos llegar a la máxima cumbre de Peña Lora.

Caminamos por el páramo hacia Peña Lora.
Aunque no hay caminos claros que se dirijan a Peña Lora, el páramo es estrecho y no hay más que avanzar atravesando el bosquete, para por terreno abierto, llegar al borde norte de la lora, que cae a pico sobre el Valle de Valdelucio. Sobre la planicie, encontramos una gran manada de caballos de gran porte. No deben estar acostumbrados a ver personas, porque se acercan a nuestro paso casi al trote.

Caballos sobre la meseta de Peña Lora.
A nuestra izquierda, siguiendo el borde del páramo, encontramos fácilmente el hito montañero que representa el punto más alto de la lora, Peña Lora, 1177 metros.

Hito junto a Peña Lora (1177 metros).
Desde aquí tenemos extraordinarias vistas de la comarca de las loras, compartida por las provincias de Burgos y Palencia. A nuestros pies, 180 metros más abajo, se extiende el Valle de Valdelucio y más lejos, la comarca de Aguilar, tras la cual se atisban las cumbres nevadas de la Montaña Palentina y la comarca de Reinosa.

Regresamos a Fuenteodra por el páramo.
El retorno hacia Fuenteodra lo realizaremos por otro lado, buscando realizar una ruta circular. Para ello, según miramos por donde hemos venido hacia el sur, caminamos hacia nuestra derecha, atravesamos de nuevo el bosquete y buscando el borde sur del páramo.
Llegados a él, buscamos un portillo para descender, el cual encontramos unos metros más hacia el oeste. Descendemos pues por la cabecera de una vaguada rocosa que baja hacia el circo rocoso, donde desaguan todas los cursos de agua y arroyos que bajan de la lora.
Descendemos fácilmente por este barranco hasta enlazar con un amplio camino que es el que se utilizaba para subir desde Fuenteodra al páramo.

Encontramos en la vaguada una estela de 1806.
El paisaje geológico que contemplamos es impactante. Estamos en el dominio del Cretácico, hace entre 100 y 65 millones de años, en que toda esta comarca se halló sumergida en mares de poca profundidad, y en la que se fueron acumulando sucesivamente restos sedimentarios calizos que conformaron la base rocosa que contemplamos. Lo que ahora vemos no son más que las ruinas o restos que han permanecido tras millones de años de intensa erosión kárstica, que ha horadado, esculpido y modelado el paisaje. Este proceso no ha cesado y continua de manera implacable hoy en día a una escala no perceptible por el ser humano. Apreciamos también una intensa actividad tectónica, que ha desplazado y recolocado los sucesivos estratos calizos, conformando una sucesión de pliegues, fallas y cabalgamientos, muy fácilmente observables desde donde estamos. Este proceso tectónico tuvo lugar durante el plegamiento alpino, hace unos 25 millones de años. Todo el recorrido es una lección de geología.

Paisaje de fallas y cabalgamientos sobre el anfiteatro del Odra.
En este recorrido es aconsejable disponer de un GPS ya que todo el escalón sur de la lora es una sucesión de vallejos y circos rocosos por lo cual no es tan evidente el camino correcto hacia el pueblo.

Uno de los cursos de agua que forman la cabecera del río Odra.
Continuamos por el camino, presentándonos ya en el anfiteatro rocoso del Odra sobre la terraza o repisa que recorre la parte superior del circo. En el lado en que estamos, se precipita un arroyuelo formando una pequeña cascada sobre el naciente río. Se trata de la fuente de Manapites. El agua brota y se desliza formando pequeños saltos que han ido esculpiendo la roca caliza formando pequeños surcos y provocando al rebote de pequeños cantos que se mezclan con el agua.

Volviendo a Fuenteodra nos acompañan las compactas siluetas de las Peñas Amaya y Albacastro.
Desde este lado del circo, sólo tenemos ya que continuar por el sendero que traíamos y sin pérdida alguna, descender hasta Fuenteodra, ya visible. Por el camino, disfrutamos aún de bellas vistas de las loras de Amaya y Albacastro.
Entraremos en en el pueblo por su parte alta junto a la iglesia.



FUENTES DEL ODRA
DificultadBaja.
CiclableNo.
CircularNo.
OrientaciónAlgo complicada en el páramo por la falta de referencias.
Época recomendableTodo el año, pero mejor en el deshielo para ver la Cascada de la Yeguamea con agua.
InicioFuenteodra.
Distancia de Burgos68,3 kilómetros.
Tiempo total2 horas 5 minutos
Distancia total10,5 kilómetros.
InterésCascada de la Yeguamea, fuentes del Odra, formaciones geológicas.
Altitud mínima949 m.
Altitud máxima1192 m.
Mapas
1:50000: 0143 Polientes.
1:25000: 0143-3 Quintanas de Valdelucio.


Notas:
- Como se ha comentado, no es fácil ver la cascada de la Yeguamea con agua. Por ello hay que acudir inmediatamente después de producirse un deshielo o tras épocas de fuertes lluvias. La mejor época es de febrero a abril.
- Fuenteodra se halla en el centro de la comarca de las loras. Desde allí podemos visitar las mayores peñas: Amaya y Ulaña o recorrer el desfiladero de los Piscárdanos que forma el naciente Odra unos kilómetros más al sur.



Peña Amaya

Peña Ulaña

Entradas relacionadas:


Desfiladero de los Piscárdanos




Mapa topográfico


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viernes, 7 de noviembre de 2014

Desfiladero de la Estacada

Dentro del Valle de Arlanza, en su tramo entre Hortigüela y las cercanías de Covarrubias, el río forma un amplio cañón. En su interior de ubican las espectaculares ruinas del antiguo Monasterio de San Pedro de Arlanza y la ermita de San Pelayo. En la orilla izquierda del río existe un estrecho desfiladero, excavado por el arroyo de la Estacada, que comunica el cañón con el vecino Valle de Contreras. El tránsito por esta garganta no es sencillo y suele estar inundado de agua. Una vez en el otro lado, recorremos extensos y solitarios parajes entre sabinares.


Monasterio de San Pedro y Cañón del Arlanza

Comenzaremos el recorrido desde el punto en que la carretera de Covarrubias cruza el río Arlanza, nada más sobrepasar las ruinas del Monasterio de San Pedro. Allí mismo, al otro lado del puente, dejaremos el coche junto al camino (indicado) que debemos tomar.

Tomamos el camino junto al puente sobre el Arlanza.
El sendero discurre por la orilla izquierda del río, manteniendo el borde del agua a poca distancia. La vegetación es exuberante, pero siempre nos abrimos paso fácilmente.

Seguimos por una senda a media ladera con el Arlanza a nuestra izquierda.
Continuamos avanzamos valle abajo. El sendero va ascendiendo poco a poco de nivel, por lo cual las vistas sobre el cañón se van ampliando. Destaca la panorámica que disfrutamos del Monasterio de San Pedro de Arlanza y del llamado Espigón de San Pelayo, enorme peñasco sobre el río en cuya cumbre se ubican las ruinas de la histórica ermita de San Pelayo, donde cuenta la leyenda que buscó refugio el mismo Fernán González.

Divisamos en la otra orilla el Espigón de San Pelayo y en lo alto la ermita del santo del mismo nombre.
Dejamos atrás el entorno del monasterio y continuamos por la senda.

Seguimos la orilla del Arlanza.
El camino se aleja de la orilla poco a poco y comienza su ascensión hacia la muralla rocosa que tenemos a la derecha. Estamos cerca de la entrada del desfiladero, que intuimos ya frente a nosotros.


Abandonamos definitivamente el sendero que recorría la orilla del río y subimos con facilidad entre las sabinas siguiendo el arroyo de la Estacada hasta llegar a la misma boca del desfiladero.

Caminamos entre sabinas.
Encontramos muchos bloques y rocas sobre el lecho del río, muy exiguo de caudal, ya que estamos en verano. En épocas lluviosas es de esperar que baje de manera turbulenta. Las paredes del roquedo se presentan muy erosionadas y con muchas oquedades. Geológicamente hablando, la garganta ha sido originada por la erosión kárstica, y corta de de manera transversal el sinclinal de la Sierra del Gayúbar.


DESFILADERO DE LA ESTACADA

               

Vamos vadeando las rocas y pedruscos siguiendo más o menos la orilla del curso del agua como podemos, subiendo por el interior del desfiladero. Las paredes rocosas se presentan muy enriscados y se desploman a uno y otro lado del arroyo.

En lo más angosto del desfiladero, tenemos que avanzar por el agua.
Llegamos a un punto en que la garganta es tan angosta que el agua cubre ya las dos orillas, por lo que no nos queda otro remedio que meter los pies en el agua y continuar unos metros por el interior del arroyo sin apenas dificultades.

Salimos del agua y seguimos desfiladero arriba, que poco a poco va ensanchándose.
Superados los tramos más estrechos, el último dentro de la garganta lo cubrimos a través de un sendero herboso buscando el terreno abierto.

Por fin, abandonamos definitivamente el desfiladero y salimos a unas praderas.

Dejamos el desfiladero atrás.
Estamos en el llamado Valle de Contreras, una extensa área limitada por la Sierra del Gayúbar por el norte, la Sierra de Silos por el sur, la Peña Carazo por el este y el río Arlanza y sus alturas por el oeste.

Subimos valle arriba, pasamos junto a una curiosa edificación en piedra.

Justo al lado de la cabaña, a su izquierda, nace un sendero que sube por la ladera sur del Gayúbar. Nosotros lo obviamos y continuamos por el camino que asciende por una vaguada siguiendo el arroyo de la Estacada.

Una vez en el Valle de Contreras, torcemos hacia el oeste buscando los caminos que se dirigen a las tenadas de Valcárcel.
Desde aquí, el retorno al Valle del Arlanza, donde hemos dejado el coche, se torna ciertamente complicado en términos de orientación, puesto que continuaremos por caminos, senderos e incluso campo a través en algunos tramos. Las referencias no son claras, por lo cual es aconsejable disponer de un GPS para no perderse, pues el área en que nos movemos es amplia y sin referencias muy claras.


Tomamos dirección sur, siguiendo la máxima apertura del valle que se abre en esa dirección. Cruzaremos el arroyo de la Estacada y enlazamos con una marcada pista que viene del pueblo de Contreras, ubicado unos tres kilómetros más al este, y que no visible desde donde nos encontramos. Continuamos por el camino unos cuatrocientos metros hasta salirnos por una amplia vaguada que asciende a nuestra derecha. La atravesamos transversalmente y seguimos subiendo hacia unas alturas por campo abierto flanqueando un pequeño barranco. El paisaje es impactante y el silencio nos acompaña siempre.

Seguimos por terreno abierto entre sabinas hacia las tenadas de Valcárcel.
Buenas vistas del Cañón del Arlanza en primer plano, y la Sierra de las Mamblas en segundo plano.
La ascensión no es complicada y nuestra referencia son las crestas y riscos que caen a nuestra derecha. Continuamos y enlazamos por fin de nuevo con la pista, y en breve, llegamos a las bonitas tenadas de Valcárcel, ubicadas en un excepcional paraje. Es éste buen sitio para descansar, reponernos y recobrar fuerzas.


Estas edificaciones son magníficos ejemplos de arquitectura pastoril y se hallan en buen estado. El paraje es magnífico, lejos de cualquier vía de comunicación o población, el silencio es absoluto y nos rodea naturaleza pura. Las tenadas están muy bien conservadas, aunque ya no tienen uso.


Tenadas de Valcárcel



Reemprendemos la  marcha y continuamos retornando hacia el cañón. Aún nos quedan unos cuántos kilómetros desde donde estamos, pero la orientación es más sencilla. Desde las tenadas tomamos un amplio sendero que se dirige hacia el oeste, introduciéndose rápidamente en el bosque.
El camino es amplio y despejado, por él recorremos unos tres kilómetros atravesando monte bajo y manchas de sabinas por los solitarios parajes llamados Cuevaburgos, que nos indica que existen oquedades y cuevas en el entorno rocoso calizo que nos rodea y que dio forma al cañón. Poco a poco, vamos emprendiendo un suave descenso hacia el río Arlanza, pues éste se halla unos 100 metros más abajo en altitud.


El tramo final es un descenso prolongado que desemboca de sopetón directamente sobre la carretera, unos pocos metros más adelante de donde habíamos dejado el coche, finalizando el recorrido.
Las sabinas nos acompañan en el descenso al Arlanza.

Recorremos solitarios parajes.



DESFILADERO DE LA ESTACADA
Dificultad
Media, por su longitud y dificultades de orientación.
Ciclable
No.
Circular
Sí.
Orientación
Difícil. Son muchos los cambios y cruces de caminos. Llevar GPS y/o mapas.
Época recomendable
Verano, el resto del año puede estar inundado el desfiladero.
Inicio
Km 19 de la carretera de Hortigüela a Covarrubias junto al puente sobre el río Arlanza.
Distancia de Burgos
50,5 kilómetros.
Tiempo total
Unas 3 horas.
Distancia total
10,3 kilómetros.
Interés
Cañón del Arlanza, desfiladero de la Estacada, Valle de Contreras, tenadas de Valcárcel
Altitud mínima
907 m.
Altitud máxima
1079 m.
Mapas
1:50000: 0277 Covarrubias.
1:25000: 0277-3 Covarrubias.


Notas:
- El desfiladero de la Estacada también es llamado del Cordillón.
- Excepto en los días más calurosos del verano, en que el arroyo de la Estacada puede llegar a secarse, lo normal es que haya bastante agua en el desfiladero. Evitar las épocas de lluvias.
- La orientación dentro del Valle de Contreras no es sencilla. Hay que tomar varios senderos y salir de ellos por terreno abierto para llegar a las tenadas de Valcárcel. Se recomienda llevar GPS para no perderse
- También es posible llegar a las tenadas de Valcárcel desde el pueblo de Contreras tomando el camino de Valdelacasa, que sale al oeste de la localidad.


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La Peña Carazo



Mapa topográfico


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jueves, 30 de octubre de 2014

Diapiro de Poza de la Sal

El diapiro de Poza de la Sal es uno de los fenómenos geológicos más interesantes de la provincia de Burgos. A esta particularidad, hay que sumar el entorno pintoresco del Poza de la Sal, donde se incluyen el castillo, las salinas y la villa medieval. Partiendo del pueblo, subiremos hasta el castillo y desde allí rodearemos el diapiro hasta el alcanzar el Altotero. En el regreso, visitamos el Castellar y algunas salinas.


Diapiro de Poza de la Sal


Saldremos de Burgos por la carretera de Poza de la Sal, que se dirige hasta esta localidad. Tras atravesar varios pueblos, saldremos a la llanura burebana. Ya desde lejos, visualizamos el diapiro, que asemeja un gran cráter en la ladera.

Poza de la Sal


Dejamos el coche en la parte baja del pueblo, cerca de la plaza y nos dirigimos a ella. Tras pasar el arco, tomamos la calle que por la izquierda sube hacia el palacio.


Dejamos a la derecha el "Museo de la Radio" y continuamos calle arriba, abandonando las últimas casas del pueblo. El camino continua por una empinada escalinata que sube hacia los restos del Palacio de los Marqueses de Poza que se ubica a media ladera entre el castillo y el pueblo.
Muralla medieval en la subida al castillo.
Ruinas de la ermita de Santa Cecilia. 
Según ascendemos de altitud, dejamos el caserío del pueblo a nuestra espalda atrás. La muralla medieval nos acompaña a nuestra izquierda y nos sorprende su buen estado de conservación. Pronto, llegamos al entorno del palacio de los Marqueses de Poza, restaurado en 2006. En sus inmediaciones hay un mirador y un panel informativo del monumento. Buenas vistas sobre el caserío de Poza y la llanada de la Bureba detrás.

Palacio de los Marqueses de Poza.
Torre del palacio, restaurada en 2006.



Subimos por un camino hacia el castillo, dejando Poza atrás.
Desde el palacio, tomamos el sendero que a media ladera, continua hacia el oeste, con el pueblo a nuestra izquierda abajo. Pasamos junto a los restos arruinados de la ermita de Santa Cecilia y tras pasar junto a una gran peña, que representa el borde este de la gran apertura del diapiro, torcemos a la derecha. El camino asciende a través de un estrecho sendero salvando el desnivel que hay hasta la llanada donde se ubica el castillo, unos metros más arriba. Estamos ya dentro del diapiro y el trayecto que seguiremos discurre por su flanco SO. El castillo de Poza, se nos presenta imponente, aferrado sobre una roca, vigilantes sobre la Bureba. Su emplazamiento se produce precisamente en el punto de máxima apertura del diapiro, donde el terreno se torna más vertical.Lo dejamos atrás y continuamos cuesta arriba buscando el páramo.

Castillo de Poza de la Sal.
A nuestra derecha, podemos contemplar perfectamente la envergadura del diapiro, de unos dos kilómetros de amplitud. El camino es amplio y cómodo y asciende con suavidad. El páramo de Masa se atisba en el horizonte más arriba.

Cerca del páramo, disfrutamos de magníficas vistas del diapiro y el Castellar en su centro.
Todo el recorrido es fácil de realizar, la pendiente no es excesiva y tenemos buenas vistas del Castellar, también llamado Peña Negra. Se trata del conjunto de peñas y rocas que afloran en el mismo centro del diapiro y que por su propia naturaleza, representan los materiales más antiguos, procedentes del Triásico (250 - 200 millones de años) y son la clave para entender el proceso geológico que estamos contemplando. Lo visitaremos en el retorno a Poza. Llegamos por fin al páramo. Estamos en invierno y el fuerte viento y el frío nos atenazan casi repentinamente. Cruzamos la carretera y junto a ella, en una gran explanada, encontramos el Monumento a Félix Rodríguez de la Fuente. Se fundó en los años 90 del pasado siglo y es un homenaje a la persona del naturalista en su pueblo natal. Amplio aparcamiento para coches en sus inmediaciones.

Monumento homenaje a Félix, junto al Altotero.
Subimos hacia el borde norte del diapiro, buscando el mirador que se ubica en su extremo para disfrutar de las panorámicas del pueblo abajo y el mencionado Castellar. Pasamos junto al hito montañero que indica el Altotero (1176 metros), cota que no destaca especialmente sobre el páramo, aunque sí y mucho desde la Bureba. Muy cerca, llegamos al mirador y leemos el panel explicativo sobre el diapiro y su entorno geológico e histórico. Lo que estamos viendo se asemeja a los restos de un gran cráter abierto (y así se creyó en el pasado) pero realmente el proceso de formación es bien distinto: el empuje ascensional de la sal y otros materiales del Triásico por su centro, ha provocado a lo largo de millones de años, que las capas superiores formadas por materiales calizos del Cretácico se abran en todo su derredor. En su progresión, han aflorado por empuje los restos de materiales volcánicos remanentes de esa edad geológica. Son las llamadas ofitas, que componen el conjunto de peñascos que conforman el Castellar. Desde aquí, comenzamos el regreso por el lado NE. del diapiro hacia el pueblo, que vemos lejano abajo junto al castillo. El camino se difumina poco a poco, pero no hay pérdida posible pues siempre seguimos el borde, aprovechando las trochas y trazas de sendero que bajan desde el páramo.

Desde la vertical del diapiro en el páramo, cerca del Altotero, se contemplan las mejores vistas. En el centro, el conjunto de peñas del Castellar.
Monolito sobre la cumbre del Altotero (1176 metros).

Llegamos a las inmediaciones del Castellar Peña Negra que se hallan a nuestra derecha en el sentido de la marcha. Nos salimos del camino y tomamos una senda que nos lleva a su misma base, cercana. Como se ha explicado, se trata de un espectacular afloramiento de materiales rocosos triásicos que surge del interior y cuya existencia está en relación directa con el fenómeno del diapirismo como ya hemos explicado más arriba. Podemos encaramarnos fácilmente y llegar hasta la base de las rocas.




Admiramos las dimensiones ciclópeas de algunas de sus lajas y bloques desgajados en posición casi vertical, como empujados de abajo arriba. Y es que es esto lo que realmente ha ocurrido y sigue ocurriendo en la actualidad, aunque con la lentitud propia de los procesos geológicos, muy alejados de nuestra escala temporal humana. Estos bloques son las ofitas, los restos volcánicos acumulados hace 230 millones de años en los estratos del Triásico y que los materiales salinos del Keuper han arrastrado hasta la superficie gracias a fenómenos de diferencia de densidad (movimientos llamados halocinéticos). Es evidente que su composición y aspecto nada tiene que ver con los materiales que contemplamos a su alrededor.

Detalle ofitas del núcleo del diapiro, en el Castellar, de origen volcánico del Triásico.
Formación rocosas del Castellar en posición vertical.
Desde las alturas de la peña, divisamos perfectamente Poza de la Sal, a los pies de su castillo, que cierra la salida del diapiro por su lado sur. El camino de regreso hacia el pueblo será un recorrido entre restos de pozos salineros abandonados. Retornamos al sendero y continuamos el descenso hacia Poza. Enseguida, pasamos junto a las ruinas de la ermita de la Magdalena.

Restos de la ermita de la Magdalena.
Si nos fijamos en las piedras que la forman, vemos que hay algunas piedras negras pertenecientes al Castellar entre las propias calizas del entorno del páramo. Unos doscientos metros más adelante, pasamos también junto a las ruinas de los almacenes de La Magdalena, aún en buen estado de conservación. Sorprenden las dimensiones del edificio.

Ruinas del antiguo almacén de sal de La Magdalena.
Aunque hay multitud de caminos que unían las cubetas, la mayoría perdidos entre la vegetación, el sendero siempre es evidente. Tenemos el interior del diapiro a nuestra derecha y la progresión es muy fácil. Ya cerca de Poza, divisamos entre las salinas unas cárcavas de aspecto rojizo destacando vivamente sobre el entorno.

En el regreso a Poza, observamos un claro afloramiento de arcillas, yesos y sales del Triásico.
Son los materiales aflorantes formados por arcillas, yesos y sales del Triásico del fondo del diapiro. Continuamos sin pérdida hacia el pueblo, en donde entramos por su parte baja pasando por los restos de pozos salineros hoy abandonados y algunos restaurados.


Entramos en el casco antiguo de Poza de la Sal de nuevo. Junto a la carretera, se halla el Centro de Interpretación de las Salinas y el diapiro.  Justo a la entrada, hay una estatua erigida en honor al antiguo salinero pozano, oficio milenario hoy desaparecido.

Monumento al salinero.
Restos de salinas hoy recuperados como atracción turística.
En el interior del pueblo, recorremos sus estrechas calles medievales y podemos descansar en alguno de sus bares y restaurantes. Como se ha dicho, merece la pena entrar en el centro de visitantes , la iglesia de San Cosme y San Damián y la plaza asomada sobre la Bureba.

Poza de la Sal: iglesia de San Cosme y San Damián.
Poza de la Sal: calles de trazado medieval.


DIAPIRO DE POZA DE LA SAL
Espacio natural
Diapiro de Poza y Páramo de Masa en la Bureba.
Dificultad
Baja, aunque el recorrido es agreste y la travesía es larga.
Tipo de camino
Senderos de montaña.
Ciclable
No.
Agua potable
Encontraremos en Poza de la Sal.
Tipo de marcha
Circular.
Orientación
Fácil, el centro del diapiro siempre queda a nuestra derecha.
Época recomendable
Otoño y primavera tardía. En verano puede hacer mucho calor y de noviembre a mayo estar los caminos embarrados.
Inicio
Poza de la Sal.
Distancia de Burgos
46 kilómetros.
Tiempo total
Unas 5 horas.
Tiempos de marcha
Poza de la Sal-Altotero: 1 hora 35 minutos; Altotero-Castillejo-Poza de la Sal: 2 horas 15 minutos.
Distancia total
19,4 kilómetros.
Interés
PrácPoza de la Sal (pueblo y castillo), diapiro, monumento a Félix, salinas.
Altitud mínima
820 m.
Altitud máxima
1248 m.
Desnivel acumulado
m
Mapas
1:50000: 0168 Briviesca; 0136 Oña; 0167 Montonio; 0135 Sedano.
1:25000: 0168-1 Poza de la Sal; 0136-3 Oña: 0135-4 Padrones de Bureba; 0167-2 Abajas.





Notas:
- Hay otros diapiros en la provincia de Burgos, entre ellos los más importantes:
  • Valle de Mena.
  • Quintanilla Pedro Abarca.
  • Salinillas de Bureba.
  • Hoya de Huidobro (hoy anticlinal, pero resto de un diapiro "abortado").



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