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domingo, 25 de agosto de 2024

Valle de Manzanedo: los pueblos abandonados

Bonita y muy entretenida excursión por el norte del Valle de Manzanedo, en las Merindades. Partiendo del pueblo semideshabitado de San Martín del Rojo, realizamos un recorrido a través de caminos montaraces hasta Villasopliz desde donde retornamos visitando otros dos despoblados más en ruinas: Quintana del Rojo y Mudóval. Durante el trayecto, pasaremos por los restos de la ermita de San Tirso, ubicada en un bello paraje de montaña. Pasamos también por la bonita garganta de la Hoz.


Valle de Manzanedof

Hay dos maneras principales de llegar al Valle de Manzanedo desde Burgos. La primera por la CL-629 de Burgos a Villarcayo. Tras pasar la Mazorra y los Hocinos, nos desviaremos en Incinillas por la izquierda para entrar en el valle siguiendo la margen izquierda del Ebro. La otra opción, más larga, es la carretera N-623 hacia Valdelateja. Tras pasar los Cañones del Ebro y subir al Páramo de Bricia, saldremos por la derecha para descender hacia la localidad de Arreba, donde tomamos la carretera que entra en el valle. Elegimos la primera opción porque es algo más rápida. Partiendo entonces de Incinillas, en unos tres kilómetros, justo antes de las ruinas del Monasterio de Rioseco, salimos por nuestra izquierda por una estrecha carretera que gana altura con rapidez remontando un vallejo hasta alcanzar las casas de la localidad de San Martín del Rojo, origen de nuestra marcha.


San Martín del Rojo

San Martín del Rojo
San Martín del Rojo ha sido despoblado recientemente, en la segunda década del siglo XXI, aunque podemos observar que algunas de sus casas pudieran tener algo de ocupación ocasional. El pueblo es célebre la portada de su iglesia románica, restaurada no hace mucho. No vemos a nadie por sus calles. Dejamos el coche e iniciamos la ruta. La carretera asfaltada termina en San Martín pero continua por una amplia pista de tierra que desciende hacia el cercano vecino pueblo de Quintana del Rojo, distante apenas 300 metros a un nivel inferior.

Dejamos las ruinas de Quintana del Rojo a la izquierda.
En unos cinco minutos llegamos a esta localidad, que fue completamente deshabitada a mediados del pasado siglo. Hoy solo vemos un montón de ruinas sumergidas en la vegetación y el barro primaveral. Lo visitaremos en el retorno del recorrido.


Así pues, dejamos sus casas nuestra izquierda y abandonamos la pista que traíamos desde San Martín por la derecha para continuar valle arriba entre prados y pequeñas elevaciones, siguiendo un bonito y cómodo camino.


Ascendemos suavemente hacia las alturas que cierran el valle por su parte septentrional. La soledad y el silencio nos acompañan en todo momento.


En apenas media hora, la pista llega al borde de un gran valle, a la derecha del cual podemos apreciar a unos 200 metros los restos de la ermita de San Tirso.

Ruinas de la ermita de San Tirso.
Dejamos la pista y alcanzamos fácilmente la ermita por un sendero más estrecho. Aunque parte del tejado se ha desplomado, aún mantiene todos sus muros y su interior es reconocible. Por desgracia la ruina es galopante y la vegetación lo invade todo, amenazando con un desplome generalizado, si no se actúa. Por la forma de sus arcos y ábside podemos observar su estilo románico. Hasta no hace muchos años se celebraba una animada romería en la que participaban los vecinos de los pueblos cercanos.


Continuamos hacia el norte atravesando una vaguada hasta alcanzar la linde del bosque que desciende por las laderas frente a la ermita. Aquí tenemos que prestar atención en encontrar un estrecho sendero, que sigue esta linde con vistas sobre el fondo del valle a nuestra izquierda. Por esta trocha caminamos unos metros, bajo cubierta vegetal, acercándonos a la hoz por la que tenemos que remontar a las alturas que cierran el Valle de Manzanedo por su parte norte en este sector.


En unos diez minutos alcanzamos la parte baja de la gargantilla del arroyo de Valdequintana, que desciende por nuestra derecha por una pequeña hoz. El sendero que traemos desde la ermita continua hacia Villasopliz, pero nosotros lo abandonamos e iniciamos el remonte de esta garganta que no es difícil.


Estamos en primavera y el arroyo lleva un hilillo de agua. Subimos saltando entre las piedras sin ninguna dificultad.


Remontamos esta hoz ganando altura entre grandes paredes por ambos lados. Alcanzamos su parte superior, de donde salen dos senderos.


Tomamos el de la izquierda que pronto inicia una pronunciada ascensión que pacientemente vamos superando. A medida que ganamos altura, camino de un collado, vamos obteniendo grandes vistas sobre las elevaciones y roquedos de esta parte del valle. Apreciamos su carácter agreste, dotado de una belleza salvaje.




Tras una larga subida, alcanzamos el collado continuando ahora por un cómodo sendero, que avanza hacia el oeste camino del pueblo de Villasopliz, aún no visible desde donde encontramos. Seguimos por llano en paralelo a una línea de cresta que nos acompaña a nuestra izquierda.


El paisaje primaveral de colores que nos rodea contrasta con el ocre de los roquedos. Pronto alcanzamos una pista a la que nos incorporamos e iniciamos ahora el descenso, hacia el sur del valle de nuevo, rodeando un llamativo mogote que veíamos desde lejos. 


Este sendero se mantiene cómodo y viable en todo momento. Poco a poco perdemos altura por él camino de Villasopliz, nuestro próximo destino.


Tras atravesar un bosquete, aparecemos en las campas y eras de Villasopliz, cuyas casas vemos desde muy lejos.


Entramos en las primeras casas de Villasopliz, único pueblo habitado de nuestro recorrido de hoy. La localidad ocupa una posición bastante aislada dentro del valle y la carretera de acceso muere en el pueblo. Hay bastantes casas ocupadas y hay actividad en alguna granja.


Por desgracia, un gran perro amenazador que no paraba de ladrarnos a corta distancia que no nos dio opción a detenernos mucho y callejear como hubiéramos querido. Abandonamos rápidamente la población saliendo por la carretera.


Villasopliz


Nuestro próximo destino son las ruinas de Mudóval, que no parecen accesibles por senderos desde Villasopliz, así que cubrimos algo menos de dos kilómetros por el asfalto hasta llegar al desvío por la izquierda que nos debe llevar a las ruinas.

Recorremos algo más de un kilómetro por carretera.
Entramos en el bosque por un camino ganadero que se dirige a una zona de pastos donde hay vacas y bebederos. Muy cerca, alcanzamos el paraje donde se hallan las ruinas románticas de Mudóval.


No hay documentos claros de la fecha de abandono total de Mudóval, pero se sabe que aún estaba habitado en 1894, por lo que pudo ser abandonado a finales del siglo XIX o incluso perdurar hasta las primeras décadas del XX. En alguna documentación se le denomina Mundóval o Mudoval (sin acento), por lo que no estamos seguros de su pronunciación correcta.


Mudóval


El lugar tuvo que ser muy exiguo, apreciamos sólo dos o tres casas, difíciles de distinguir por estar tragadas por la vegetación que lo invade todo.


La carretera asfaltada nunca llegó, no hay signos de tendidos eléctricos tampoco. Solo se podía llegar por infames caminos que seguramente estaban en mal estado la mayor parte del año.


Deambulamos por sus calles, difícilmente distinguibles. Subiendo por las alturas cercanas, obtenemos una vista general y podemos mejor la estructura de la población: tres casas de altos muros y una iglesia de mediano tamaño con una gran torre. Si nos fijamos, podemos ver inscrito en una gran piedra de ella la inscripción "1854". El silencio del lugar es impactante, sus nostálgicas ruinas son testigo de la despoblación del norte de Burgos durante gran parte del siglo XX.


Abandonamos Mudóval por su parte este, siguiendo ahora el sendero, en sorprendente buen estado, que unía este pueblo con Quintana del Rojo. La vegetación a ambos lados es exuberante.


En menos de media hora alcanzamos las primeras casas del despoblado de Quintana del Rojo, por donde pasamos de largo al inicio de nuestra excursión. Entramos en él. El pueblo se halla en un idílico paraje, junto a un curso de agua en su parte baja. Sus casas están desperdigadas sin alineación clara sobre terreno ondulado. Sus últimos habitantes lo abandonaron en 1962. Podemos pasear entre sus casas, en proceso de ruina galopante. Podemos también, con mucha precaución, penetrar en alguna de ellas.


Quintana del Rojo






Una vez visitadas las evocadoras ruinas de Quintana del Rojo, sólo tenemos que incorporarnos a la gran pista que viene desde San Martín para remontarlo y llegar al punto inicial de nuestra excursión, finalizando esta atractiva y evocadora excursión por una de las zonas más desconocidas y solitarias del norte burgalés.

Antes de marcharnos, merece la pena acercarnos hasta su iglesia románica, restaurada no hace muchos años, donde destaca su bonita portada y ábside románico donde podemos apreciar una bellísima iconografía.






VALLE DE MANZANEDO: LOS PUEBLOS ABANDONADOS
Espacio natural
Valle de Manzanedo.
Dificultad
Media. El recorrido no reviste dificultad especial pero hay que prever que discurre por caminos y senderos muy poco frecuentados con muchos cruces y desvíos por lo que hay estar muy atentos en la orientación.
Tipo de camino
Caminos y senderos estrechos de montaña.
Ciclable
Es posible, asumiendo que hay algunos tramos bastante agrestes como el trayecto entre la ermita de San Tirso y Villasopliz.
Agua potable
Encontraremos en Villasopliz, punto medio del recorrido y en los arroyuelos por los que vamos pasando.
Tipo de marcha
Circular.
Orientación
No hay ningún tipo de señalización y son muchos los desvíos por los que tenemos que pasar.
Época recomendable
Preferiblemente en primavera y el otoño. Evitar en épocas lluviosas donde podemos encontrar mucho barro.
Inicio
San Martín del Rojo.
Distancia de Burgos
76,1 kilómetros.
Tiempo total
3 horas 30 minutos.
Tiempos de marcha
San Martín del Rojo-Ermita de San Tirso: 1 hora; Ermita de San Tirso-Villasopliz: 45 minutos; Villasopliz-Mudóval-Quintana del Rojo-San Martín del Rojo: 1 hora 15 minutos (incluye visitas detenidas en los tres pueblos).
Distancia total
10 kilómetros.
Interés
Pueblos abandonados y en ruinas de Mudóval y Quintana del Rojo, paisajes de montaña, ermita de San Tirso, arquitectura tradicional, iglesia románica de San Martín del Rojo.
Altitud mínima
689 m.
Altitud máxima
958 m.
Desnivel acumulado
459 m.





Notas:


- La ruta no es compleja técnicamente, la distancia no es larga y el desnivel escaso, pero si puede resultar compleja la orientación por lo que es necesario llevar GPS.
- Dependiendo la época del año, podemos encontrar barrizales y diferentes grados de vegetación. En primavera veremos las ruinas de estos antiguos pueblos tapizadas de hiedra (como así fue en la visita para esta entrada).
- Si tenemos tiempo, podemos visitar las ruinas rehabilitadas del cercano Monasterio de Rioseco, junto a la carretera de acceso a San Martín (ver horario de visitas en verano).
- Existe aún otro despoblado cercano: Fuente Humorera. Desgraciadamente, se halla en terreno privado y no es posible su acceso ni visita.



Mapa topográfico



Perfil de elevación



Ver y descargar track en Wikiloc





domingo, 26 de marzo de 2017

Sendero de la Tesla

Clásico recorrido por el interior de la Sierra de la Tesla siguiendo los antiguos caminos por los que se la atravesaba pasando por el Portillo de Medina. Partiendo del pueblo de Hoz de Valdivielso, ascenderemos hasta el gran collado para retornar por Arroyo tras pasar por la espectacular garganta de la Canaleja, también llamada el "Paso Estrecho".


Sierra de la Tesla
Portillo de Medina


Hasta bien entrado el siglo XX, la Sierra de la Tesla suponía un formidable obstáculo para las comunicaciones entre Burgos y los puertos del norte y era paso obligado en el comercio que había entre la meseta y la costa. Bajando del Páramo de Masa por el Puerto del Almiñé, el llamado Camino de la Lana, los arrieros y transportistas debían superar la sierra. Para ello, existió desde tiempo inmemorial un paso por el llamado Portillo de Medina, un pequeño collado en la parte central de la sierra. Partiendo de los pueblos de Tartalés de los Montes y Arroyo de Valdivielso, los caminantes atravesaban la Tesla por este agreste portillo. Al otro lado, por su ladera norte, aún perduran los restos del castillo de Urría (también llamado de Montealegre), a modo de vigía de este histórico e importante paso.

Hoz de Valdivielso.
La ruta está catalogada hoy como PR y es una fenomenal opción para explorar y visitar el corazón de los bosques que pueblan el interior de la Sierra de la Tesla. Al ser el recorrido circular, podemos partir tanto desde Hoz como desde Arroyo de Valdivielso. En este caso, partiremos del primer pueblo, en el valle. Iniciaremos la excursión remontando el barranco de Tartalés.

Carretera de Hoz de Valdivielso a Tartalés de los Montes.
Llegaremos al Valle de Valdivielso, saliendo de Burgos por la N-623. Tras pasar el páramo de Masa y bajar el Puerto de la Mazorra, nos desviamos en Valdenoceda por la N-232 hacia Logroño. Pasamos el puente sobre el Ebro en Puente-Arenas y continuamos por la orilla izquierda del río hasta llegar en poco tiempo a Hoz de Valdivielso. En este blog ya hemos publicado algunas excursiones a la Tesla partiendo de este pueblo (ver las entradas Camino del Ebro y Sendero de Puerta).

Iniciamos la excursión subiendo por la calle principal de Hoz de Valdivielso.
A la entrada del pueblo, frente al bien conservado palacio de los Ruiz de Valdivielso,  del XVIII, aparcamos el coche e iniciamos la marcha. Tomando la calle principal, subimos por la calle central del pueblo, saliendo por su parte norte hacia la sierra. Pasamos el arroyo de Tartalés por un pequeño puente y dejamos a la derecha las ruinas de la ermita románica de Nuestra Señora de las Eras. El sendero tuerce a la izquierda para incorporarse en muy poco al asfalto de la carretera que sube de Hoz a Tartalés.
Este vial, supera la fuerte pendiente del barranco, realizando varias curvas. Caminando es fácil y sencillo y disfrutamos del paisaje pétreo que nos rodea.

Restos de la ermita de Nuestra Señora de las Eras e inicio de la hoz de Tartalés.
A nuestros lados se desploman empinados farallones rocosos sobre el arroyo que ha labrado esta estrecha hoz. En su parte superior, ha formado una preciosa cascada al salir por una estrecha abertura en la roca.

Subimos por la carretera hacia Tartalés.
La carretera, penetra en la sierra a través de un túnel, pero hasta hace escasamente cincuenta años, éste no existía y los vecinos de Tartalés tenían que desplazarse para subir y bajar al valle por un estrecho y peligrosísimo sendero que discurría aferrado a la pared.


Cascada de Tartalés


Aún son visibles algunos restos de este centenario sendero, hoy difuminados por las obras de la moderna carretera. Antes de llegar al túnel, sobre un pequeño mirador habilitado al efecto, admiramos la cascada, algo escasa de caudal pese a estar a finales del invierno aún.

Cascada de Tartalés.

Atravesamos el túnel y entramos enseguida en las primeras casas de Tartalés de los Montes, pintoresco pueblo enclavado en el corazón de la Sierra de la Tesla. La tranquilidad que se respira en este pueblo es total. Su núcleo urbano se halla rodeado de montañas y bosques por todos los lados y es un excelente punto de partida para recorrer todos los tesoros que esconde esta magnífica sierra. Continuamos por la carretera siguiendo a nuestra izquierda las aguas del arroyo de Tartalés. En esa dirección, tenemos buenas vistas de la bonita Peña del Agujero.

No entramos en el centro de Tartalés de los Montes y continuamos siguiendo la margen del arroyo.
Dejamos las últimas casas y tras pasar junto a una granja con vacas (¡cuidado con los perros…!) el sendero se adentra en el pinar transformándose en pista forestal.

Peña del Agujero.
Dejamos atrás Tartalés de los Montes.
El sendero se mantiene con buena factura, suficientemente ancho para caminar con comodidad, sin duda se construyó para facilitar a los carros y caballerías a remontar estas cuestas. La pendiente se agudiza  y el sendero se empina según nos acercamos a la cabecera del barranco. El silencio y la paz nos acompañan, solo se escucha el rumor de las aguas cantarinas del arroyo y el canto de algunos pájaros.

Subimos por una pista forestal hacia el Portillo de Medina.
Quince minutos después de haber abandonado Tartalés, atravesamos el arroyo y el camino gira a la izquierda subiendo con decisión entre los pinos. En medio kilómetro, el sendero que llevamos conecta con la gran pista carrozable que atraviesa longitudinalmente el interior de la Tesla. Nos incorporamos a ella por la izquierda y continuamos ya por terreno más llano y abierto.


A nuestra derecha nos acompaña la enriscada y recortada silueta de las cumbres de la Tesla y en unos pocos metros, visualizamos ya al fondo el portillo por donde debemos subir para llegar al paso que buscamos.

Conectamos con la gran pista que recorre el valle interior de la Tesla.
Es final de invierno, las temperaturas son muy suaves y el suelo se halla invadido de orugas procesionarias, que nos acompañan formando largas filas (por experiencia propia no se recomienda ni pisarlas ni caminar con brazos y piernas descubiertos).

Caminamos por la pista buscando a nuestra derecha el sendero que nos suba al portillo.
Seguimos por esta pista algo menos de un kilómetro, atentos a no pasarnos del desvío por el cual debemos subir al portillo. La caminata por este tramo es tranquila y cómoda. Llegamos por fin a la salida por la derecha. Aunque algo difuminado por el tiempo y la vegetación, se ve aún bien la traza del camino que emprende la ascensión definitiva al paso de montaña, que ya vemos unos metros más arriba.


El tramo final es hoy una estrecha senda bastante empinada que suaviza la pendiente realizando amplias curvas. Quizás en el pasado, tuvo una traza más ancha, lo que vemos hoy, no parece hábil para el paso de carros, sino estrictamente caminantes y caballerías. Según vamos ganando altura, vamos ganando magníficas panorámicas sobre la Tesla.

Panorámica desde el Portillo de Medina.
Remontamos con facilidad los 150 metros de desnivel hasta llegar a la cresta rocosa. Subiendo, nuestras vistas sobre la Tesla se engrandecen. Podemos ver con claridad las gargantas o cárcavas de Tartalés, Arroyo y Quecedo, enormes y bellas cluses formadas por la incesante acción erosiva del agua a lo largo de millones de años.

Paso clave en la sierra: el Portillo de Medina.
Llegamos al Portillo de Medina, un estrecho paso en el roquedo que conectaba las dos vertientes de la sierra. A nuestra izquierda, se levanta el promontorio del pico San Mamés, a nuestra derecha, sierra se enrisca y pierde altura progresivamente hacia la Horadada.

Vista hacia el SE. tomada desde la cumbre del pico San Mamés.
Esta sierra puede presumir de ser un auténtico manual de geología. Se trata de un perfecto anticlinal que ha sido vaciado en su interior formando una impresionante combe cubierto de bosques. En algunos lugares el núcleo del anticlinal sobresale entre la espesura formando una pequeña sierra interior. Todas las vistas son majestuosas desde donde estamos. Los dos flancos conforman un espacio único de carácter semi salvaje que invita a su recorrido y exploración.

Panorámica del sector NO. de la sierra vista desde el Portillo de Medina.


Vemos con claridad el carácter abrupto y enriscado de la cresta. El paisaje que se disfruta a nuestros pies es la gran llanada de Villarcayo y Medina de Pomar, salpicado de innumerables pueblos. Detrás y sucesivamente, los montes que separan el norte de Burgos con Cantabria y Vizcaya. Mirando el cordal hacia el NO., observamos al fondo la máxima cota de la sierra, la Peña Corva (ver entrada Peña Corva). Hacia el otro lado, más agreste y enriscada, la sierra pierde altura hacia el desfiladero de los Hocinos, no visible desde aquí. Pero lo que más llama la atención es la visión de los restos del Castillo de Urría, también llamado de Montealegre, emplazado en un auténtico nido de águilas unos doscientos metros por debajo de donde nos hallamos.


Castillo de Urría (Montealegre)


Las ruinas se levantan sobre un empinado altozano, en la misma ladera de la sierra, elevado más de trescientos metros sobre el nivel del valle. Desde donde estamos, no vemos ningún sendero o camino visible que nos pudiera conducir hasta él. Tampoco parece fácil su acceso desde el lado norte. La vegetación se aferra a las empinadas laderas que lo circundan.

Ruinas del castillo de Urría.
Pero es evidente que alguna función de vigilancia sobre este importante paso tuvo que tener al menos durante la Edad Media pues se halla a relativa poca distancia del Portillo de Medina. Dada la posición “aérea” del castillo, no debía resultar nada fácil el recorrido entre él y el mismísimo camino. El terreno es muy agreste, extremadamente complicado y los caminos que se dirigirían a la fortaleza, debían atravesar empinadas y peligrosas laderas. Junto con el vecino castillo de Toba (ver entrada Castillo de Malvecino), que también cumplía funciones de vigilancia de este camino, se trata del castillo más inaccesible, y quizás misterioso, de la provincia de Burgos.

Última ladera anterior al pico San Mamés (1264 metros).
Tras admirar el paisaje y desistir de intentar visitar el castillo, que dejamos para otra ocasión (su acceso parece factible por su vertiente norte), afrontamos la ascensión al pico San Mamés, que se halla muy cerca del portillo y es la segunda cumbre más alta de toda la sierra.



Para ello cresteamos hacia el lado NO. Remontando una empinada pero corta cuesta hasta llegar a la cumbre del San Mamés (1264 metros). Hito y buzón montañero. De nuevo, excepcionales y amplias panorámicas sobre toda la Tesla y el norte de Burgos. La cumbre es lo suficientemente holgada y cómoda como para sentarse, descansar  y comer algo antes de continuar la excursión.


Video


Nos marchamos con la promesa de recorrer íntegramente toda la cresta de la sierra que promete ser una extraordinaria excursión.

Cumbre del San Mamés.
Emprendemos el retorno. En primer lugar, debemos bajar al valle hasta el pueblo Arroyo de Valdivielso, para lo cual atravesaremos el espectacular paso de la Canaleja. Así pues, deshacemos el camino hasta el portillo desde el San Mamés e iniciamos el descenso por la ladera. Acortamos un poco el trayecto cortando por la derecha, primero por terreno abierto, aunque no difícil y después por un amplio cortafuegos que nos lleva a la pista cómodamente.
Descendemos hacia Arroyo desde la cresta de la sierra.
Por ella, debemos aún continuar unos metros, pendientes de llegar al punto, señalizado con un panel, en el cual debemos abandonarlo por la izquierda para tomar el sendero que desciende hacia Arroyo. Aunque en principio es estrecho y algo difuso, en seguida se ensancha y convierte de nuevo en pista forestal, abriéndose paso entre los pinos y perdiendo altitud con rapidez. Después de dejar un aljibe a nuestra izquierda, continuamos siguiendo la orilla del arroyo de San Pedro, que desciende con decisión hacia el paso clave de la Canaleja.


Siguiendo el curso del arroyo, que cruzamos, llegamos por fin a las inmediaciones de la garganta de la Canaleja. Impresiona comprobar como este exiguo arroyo pudo excavar y horadar esta espectacular cluse en el flanco del anticlinal a lo largo de millones de años. Las paredes laterales se desploman más de doscientos metros en vertical para dejar paso a las aguas del arroyo.

Camino de la Canaleja.
Estamos en el final del invierno, y aunque éste ha sido muy seco, el paso está inundado por las aguas del arroyo. Saltando de piedra en piedra, salvamos con facilidad su punto más estrecho.


Atravesamos la pequeña garganta con lentitud admirando una vez más la belleza de sus agujas y formaciones geológicas. En particular llama la atención una gran abertura de formas rectas sobre la pared vertical a una altura de unos veinte metros desde el arroyo, con posible origen no natural (¿antiguo eremitorio?).


Salimos definitivamente del paso estrecho dejando las últimas alturas de la sierra atrás. 


Por el camino que llevamos, entramos en las primeras casas de Arroyo de Valdivielso enseguida. Este pueblo destaca por la gran cantidad de casonas nobiliarias. Recorriendo su calle principal, podemos admirar magníficos blasones de los siglos XVII y XVIII en las fachadas de sus bien arregladas casas.



Arroyo de Valdivielso


Estamos atentos a desviarnos, a media calle, para tomar el camino de Valhermosa. Encontramos la señal y bajamos por un sendero, entre huertos. Cruzamos de nuevo por un puentecito el arroyo de San Pedro que desciende hacia el cercano Ebro.

Dejamos Arroyo de Valdivielso atrás.
Seguimos por la otra orilla, subimos y continuamos por un llano, entre campos de labor, dirigiéndonos sin pérdida hacia el cercano Valhemosa. La silueta agreste de la Tesla nos acompaña por la izquierda. Llegamos en breve a las primeras casas de Valhermosa, pueblo también situado junto a la carretera que recorre el norte del valle. La localidad presume también de buenos ejemplares de blasones en algunas de sus fachadas y bien merece la pena gastar unos minutos en entrar por sus calles y admirarlos. Destaca la casa-fortaleza de los Saravia de Rueda, edificada nada menos que en el siglo XV, rodeada de un recinto almenado y luciendo un gran blasón en su fachada principal sobre un bonito balcón.


Valhermosa


Retomamos a la carretera de nuevo abandonando Valhermosa. Aunque el PR recorre el último tramo por un camino que sigue al otro lado de la carretera siguiendo campos de labor, nosotros cubrimos esta última etapa por la carretera. En poco tiempo, recorremos el último kilómetro y medio hasta Hoz de Valdivielso, donde llegamos cuatro horas y media después de haberlo dejado a primera hora de la mañana. Finalizamos esta magnífica excursión.


SENDERO DE LA TESLA
Espacio natural
Sierra de la Tesla y Valle de Valdivielso.
Dificultad
Media.
Tipo de camino
Pistas y senderos de montaña, breve tramo por asfalto.
Ciclable
No.
Agua potable
Encontraremos en los pueblos y arroyos por los que pasamos.
Tipo de marcha
Circular.
Orientación
Fácil.
Época recomendable
Todo el año aunque preferible con tiempo seco.
Inicio
Hoz de Valdivielso.
Distancia de Burgos
75,2 kilómetros.
Tiempo total
4 horas 20 minutos.
Tiempos de marcha
Hoz de Valdivielso-Tartalés de los Montes: 28 minutos; Tartalés de los Montes-Portillo de Medina: 1 hora 5 minutos; Portillo de Medina-Arroyo de Valdivielso: 1 hora 25 minutos; Arroyo de Valdivielso-Valhermosa-Hoz de Valdivielso: 50 minutos.
Distancia total
15 kilómetros.
Interés
Hoz y cascada de Tartalés, panorámicas de la Sierra de la Tesla, Portillo de Medina y pico San Mamés, garganta de la Canaleja, pueblos de Hoz de Valdivielso, Tartalés de los Montes, Arroyo de Valdivielso y Valhermosa.
Altitud mínima
594 m.
Altitud máxima
1262 m.
Desnivel acumulado
858 m.
Mapas
1:50000: 0110 Medina de Pomar; 0109 Villarcayo; 0135 Sedano; 0136 Oña.
1:25000: 0110-3 Nofuentes; 0109-4 Bisjueces; 0135-2 Dobro; 0136-1 Trespaderne.

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Notas:
- Excursión muy entretenida y amena, en el que visitamos cuatro pueblos, ascendemos a la cresta de la Sierra de la Tesla, atravesamos bosques y dos desfiladeros. Aunque no es especialmente difícil, se aconseja llevar GPS  para no perderse por sus caminos.
-En los cercanos pueblos de Valdenoceda y Puente-Arenas tenemos bar donde podemos descansar y tomar algo.
- El paso de la Canaleja puede tener mucho agua en primavera temprana, prever la posibilidad de tener que meter los pues en el agua.
- Si tenemos tiempo y fuerzas, podemos visitar otros puntos del valle, rico en fortalezas y casas blasonadas.


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