lunes, 26 de abril de 2021

Sargentes de la Lora: Sendero de la Guerra Civil

La localidad de Sargentes de Lora es el punto de partida de una fácil y cómoda excursión para visitar un conjunto de restos defensivos utilizados en la Guerra civil. Durante el recorrido, visitaremos también el dolmen de la Cabaña así como otros megalitos aún no recuperados. Todo el trayecto es sencillo y está perfectamente señalizado. Podemos finalizar la visita a esta localidad visitando el Museo del Petróleo (cita previa).

Sargentes de la Loraf



La manera más rápida de llegar a
Sargentes de la Lora es saliendo de Burgos por la carretera hacia el Puerto del Escudo N-623. Una vez llegados a San Felices del Rudrón, tomamos el desvío por la izquierda que remonta la ladera hasta el páramo. Pueblo de calles amplias y despejadas, dejaremos el coche en cualquiera de ellas y emprendemos la excursión caminando.

Sargentes de la Lora es el pueblo  natal del padre Andrés Manjón.
Como hemos aparcado junto a la carretera a la entrada del pueblo, tenemos que atravesar sus calles para poder salir por su lado noroeste.


Callejeando, pasamos junto a la casa consistorial y la iglesia de Santa María. Abandonamos Sargentes por una amplia pista que se dirige de sur a norte. Un panel ya nos avisa que es la que se dirige hacia el dolmen de la Cabaña, el monumento más significativo y que más visitantes atrae a Sargentes de Lora.

Salimos por la pista que se dirige hacia el dolmen de La Cabaña.
Nada más salir, pasaremos junto a la pequeña ermita o humilladero de las Ánimas, ubicada junto al camino. Justo ahí, debemos salir por la izquierda y bajar hasta la fuente de Domingo Manjón.

                               El humilladero de las Ánimas                                                                       Fuente de Domingo Manjón

Allí, hay un área recreativa en zona de sombra. Leemos los paneles explicativos y pasamos el arroyuelo por un puente. Subimos de nuevo por la otra orilla posicionándonos de nuevo sobre el llano. Dejamos la vista de las últimas casas de Sargentes atrás.

Pasamos el puente junto a la fuente de Domingo Manjón.
Seguimos por la pista. Estamos en una amplia llanura y son muchos los caminos y pistas que lo surcan. Aunque está bien señalizado todo el itinerario, como siempre es conveniente seguir las instrucciones del GPS.


Dejamos Sargentes de la Lora atrás subiendo desde la fuente.
En unos pocos minutos, nos detenemos para visualizar, a la derecha del camino, los restos del dolmen de La Horquilla. Parecen en proceso de recuperación ya que aparecen semienterrados.

Restos semienterrados del dolmen de La Horquilla
Continuamos siguiendo la pista por el páramo. Espacios abiertos, el recorrido es cómodo y agradable. Alcanzamos enseguida uno de los puntos fuertes del sendero: una extensa red de trincheras, hoy en fase de desaparición por la erosión y sedimentación, que confluyen en el impresionante parapeto de La Horca.

Trincheras junto al parapeto de La Horca.
Es una amplia construcción defensiva que se utilizó durante la pasada Guerra Civil. Leemos los paneles explicativos. Parece que fue construida a comienzos de 1937 por las tropas nacionales y tras intensos combates, nunca pudo ser recuperado por el bando contrario.

Parapeto de La Horca.
Llama la atención su buena construcción con roca caliza del páramo. Su estado de conservación es excelente.



                                                                                  Parapeto de La Horquilla

Continuamos. Nos espera ahora un largo recorrido por el páramo, siempre avanzando por terreno llano sin apenas desnivel, hasta alcanzar el siguiente lugar donde nos detendremos: los restos restaurados del dolmen de La Cabaña.

Caminamos por el páramo.
Ya desde lejos podemos contemplar a nuestra derecha entre los campos de girasoles y el barranco de Navazal, el recinto donde se halla el megalito. Estos restos del Neolítico se han convertido hoy en gran atracción turística.

Divisamos el dolmen de La Cabaña desde la lejanía.
El monumento funerario ha sido restaurado hace ya unos veinte años y es uno de los mejores ejemplares, entre otros similares, de la comarca de Sedano.

El dolmen de La Cabaña se sitúa  junto al valle del arroyo Navazal.
Entrada al recinto recuperado.
El dolmen de La Cabaña es un monumento funerario levantado hacia el 4000 antes de Cristo y en su recuperación y posterior restauración se encontraron los restos de once adultos, un joven y dos niños.

Cámara funeraria.
Las piedras que se emplearon para su construcción, proceden de las cercanías del arroyo de Navazal, muy cercano al monumento. Aún pueden verse algunos bloques que no fueron utilizados y se quedaron en el terreno. Nos entretenemos leyendo los paneles y observando todos los puntos del megalito. Es de admirar el impresionante tamaño de las lajas hincadas en vertical y que conforman la cámara funeraria.

En esta vista apreciamos el corredor hacia la cámara funeraria.

Continuamos camino y emprendemos el retorno a Sargentes de la Lora. Seguimos ahora la amplia y cómoda pista que sigue en paralelo al arroyo Navazal. Por esta vía se aproximan algunos coches desde el pueblo. En unos 25 minutos, alcanzamos el fin del valle, donde la pista hace un giro de 90 grados siguiendo el pequeño arroyo de la Unfría.


Allí, si nos fijamos, observaremos otro gran túmulo alargado. Se trata de un gran montículo, alargado, de apariencia artificial. Podemos ver fácilmente lajas y cantos de piedra asomando entre la hierba que lo recubre. Son los restos de los denominados dólmenes Navazal 1 y Navazal 2, aún por recuperar.

Desde la distancia se aprecian bien los túmulos que cubren los dólmenes del Navazal..
Su posición junto al arroyo en el fondo de la vaguada no es la más apropiada ya que se favorece el desgaste y la invasión de la vegetación.

Continuamos de vuelta a Sargentes por una amplia pista.
Tras visitar el túmulo, volvemos a la pista y subimos por ella de nuevo a la parte alta, continuando otra vez por el llano.
 

El siguiente punto donde nos detenemos es junto a un nido de ametralladoras. Se trata de una construcción en piedra bajo tierra que servía para vigilar y no ser visto. De esta excavación parten trincheras que permitían la movilidad de los defensores.

Nido de ametralladoras.
La construcción se encuentra en muy buen estado de conservación.

                       Restos del nido y trinchera


Desde aquí, ya solo tenemos que cubrir la escasa distancia que nos separan de Sargentes de la Lora. En unos pocos metros caminando por la pista, divisamos ya las casas del pueblo ubicadas sobre un vallejo a un nivel inferior. Los cultivos rodean el caserío.

De regreso hacia Sargentes de la Lora.
Pero antes de descender hasta el pueblo, pasaremos junto a los restos románicos de la antigua ermita de San Román, que tras su abandono en el siglo XIX, fue reconvertida en tapia del cementerio.


Destacan la portada de medio punto con canecillos y el ábside, todo lo que queda del antiguo templo románico. Un camino baja desde la misma puerta hasta las primeras casas del pueblo.

                                        Portada románica de la antigua ermita de San Román.
Solo tenemos ya que cubrir esta escasa distancia para finalizar esta entretenida excursión.


Antes de irnos, podemos visitar el recientemente inaugurado Museo del Petróleo, inaugurado en 2015 y dedicado a la extracción que se realizó en el cercano campo de Ayoluengo. La explotación finalizó de manera definitiva en 2017.

Museo del petróleo, en Sargentes de la Lora.
Junto al edificio, encontraremos muchos paneles informativos informando sobre otros senderos y la rica historia de Sargentes y de la Lora en general.

Panel informativo  junto al Museo del Petróleo.


SENDERO DE LA GUERRA CIVIL
Espacio natural
Loras.
Dificultad
Baja.
Tipo de camino
Pistas señalizadas.
Ciclable
Sí.
Agua potable
Encontraremos en Sargentes de la Lora y en la fuente Domingo Manjón, nada más salir del pueblo.
Tipo de marcha
Circular.
Orientación
Fácil, está perfectamente señalizado.
Época recomendable
En general todo el año. Evitar los días ventosos y los muy calurosos.
Inicio
Sargentes de la Lora.
Distancia de Burgos
62,2 kilómetros.
Tiempo total
2 horas.
Tiempos de marcha
Sargentes de la Lora-Dolmen de la Cabaña: 50 minutos; Dolmen de la Cabaña-Sargentes de la Lora: 55 minutos.
Distancia total
6,7 kilómetros.
Interés
Trincheras y parapetos de la Guerra Civil, dolmen restaurado de la Cabaña, dólmenes aún sin recuperar de Navazal y La Horquilla, arquitectura e iglesia de Sargentes de la Lora, museo del petróleo, restos románicos del cementerio.
Altitud mínima
1011 m.
Altitud máxima
1075 m.
Desnivel acumulado
119 m
Mapas
1:50000: 0134 Polientes.
1:25000: 0134-2 Polientes.


 
Notas:
- La excursión es muy sencilla y cómoda, está perfectamente señalizada y el desnivel es despreciable.
- En Sargentes de la Lora es recomendable pasear por sus calles y visitar el Museo del Petróleo. También podemos acercarnos a la casa natal del padres Andrés Manjón, nacido en esta localidad.
- Desde Sargentes podemos también realizar los senderos señalizados del Petróleo, del Románico y del Rudrón.



  
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Mapa topográfico



Perfil de elevación


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domingo, 18 de abril de 2021

Pico de Casares desde Ahedo del Butrón

Excepcional excursión por uno de los lugares más apartados y paisajísticos de los Cañones del Ebro. Partiendo de la localidad de Ahedo de Butrón, ascenderemos hasta la cueva y pico de Casares, en cuyas inmediaciones se hallan los restos de un castro de la Edad del Hierro. Durante la travesía, pasaremos por una calzada romana en sorprendente buen estado de conservación. El regreso lo realizaremos descendiendo por la agreste ladera norte y continuando aguas abajo por un barranco salvaje hasta alcanzar al paso de Valdeahedo, cerca de Tudanca. Finalizamos la excursión remontando el vallejo de Valdeahedo hasta Ahedo del Butrón. Durante la mayor parte del recorrido, se disfrutan de extraordinarias panorámicas.


Pico de Casaresf

Vista del Ebro en Tudanca desde el espolón del Pico Casares.
Ahedo del Butrón es una bella y muy cuidada localidad ubicada a medio camino entre el Páramo de Masa y los cañones del Ebro. Partiendo de este precioso pueblo, ya hemos realizado varias rutas que están publicadas en este blog. Llegaremos saliendo por la carretera N-623 de Burgos a Villarcayo. Al poco de atravesar Pesadas de Burgos, antes de descender por el Puerto de la Mazorra, torcemos a la izquierda hacia Dobro.

Ahedo del Butrón


Medio kilómetro después de atravesar esta localidad, nos salimos por la derecha por la carretera local que muere en Ahedo del Butrón.

Aparcamos el coche a la entrada del pueblo.
A la entrada de la localidad, estacionaremos el coche y nos disponemos para emprender la excursión.

                 Iglesia románica de Santa María la Mayor                                                                    Lavadero

El pueblo ocupa un exiguo llano a los pies de las laderas orientales del macizo de la Mazorra, a medio camino del Páramo de Masa y el Ebro. En  vez de atravesar sus casas por su calle principal, lo rodearemos por una vía lateral manteniendo las casas a nuestra izquierda. Destaca sobremanera su iglesia románica de Santa María la Mayor con su excepcional portada. Subimos a la parte alta del pueblo, dirigiéndonos hacia la Mazorra. Dejamos las últimas casas del pueblo atrás y subimos ahora por un camino de servicio, que sube hacia algunas fincas. Un poco más arriba, tras alcanzar  una caseta de aguas, está vía desaparece y continuamos por la izquierda ahora por un estrecho sendero lleno de vegetación.

Dejamos Ahedo atrás subiendo por un camino hacia el páramo.

Aunque el terreno está sucio, podemos avanzar sin dificultades. En unos diez minutos, alcanzamos la parte alta de la vaguada que hemos remontado. Visualizamos las casas del pueblo arracimadas a la salida del vallejo.

Ahedo de Butrón a la izquierda y el Alto del Pando a la derecha, adonde sube una pista.
Los altos de la Mazorra están a nuestro alcance. Pero no subiremos sino que hacia la izquierda, divisamos un marcado sendero que parece subir. Giramos y tras un pequeño descenso, volvemos a ganar altura por este camino que presenta  una excelente fábrica de piedra con un elevado talud lateral. Son los restos de una antigua calzada romana, o al menos, así nos lo han atestiguado en el pueblo.

La fábrica de la calzada romana se conserva intacta en un gran tramo.

Cubrimos entonces unos trescientos metros por la calzada ganando altura y deteniéndonos de vez en cuando para admirar el paisaje.

Sorprende la buena factura de la fábrica y su excelente estado de conservación. La más conocida calzada romana de El Almiñé se encuentra no muy lejos de aquí, es de suponer que pudieran haber estado unidos estos dos tramos en épocas antiguas.

En esta vista de la calzada se muestra su perfecta factura.
Alcanzamos por fin la parte alta y ahora por terreno llano continuamos, dejando definitivamente la vaguada que baja a Ahedo atrás.


El camino continua flanqueado por bojes y espinos. En unos trescientos metros, llegamos al cruce con una pista transversal de mayor entidad. Giramos a la izquierda y seguimos por ella.

Una  vez en la parte alta, seguimos hacia la los llanos de la Nava por un camino llano.
Estamos ya en terreno llano, cubrimos una larga distancia siguiendo esta pista, avanzando primero por un vallejo pedregoso que desemboca en poco sobre una gran planicie con cultivos. Es un área desolada.


Es el sector noroeste del Macizo de la Mazorra, donde estas planicies se desploman en impresionantes cortados sobre el Ebro. Más adelante lo comprobaremos cuando descendamos. Seguimos por el término de la Nava.

La Nava, en los altos de la Mazorra.
A nuestra derecha, amplios espacios que suben hacia la parte más alta del macizo, que alcanza su máxima altura en la cima del Canales (1258 metros), también llamado la Torada. La pista alcanza otra mayor transversal, carrozable, nos incorporamos a ella siguiendo por la izquierda.

Dejamos la pista que continua descendiendo hacia Ahedo y continuamos por la derecha.
Este vial desciende sin dilación hasta Ahedo del Butrón y es una posible alternativa de retorno una vez hayamos visitado la cueva y pico de Casares. Más tarde explicaremos la otra posibilidad por la que finalmente optamos.

Atravesamos el pequeño cauce del arroyo de la Nava, donde apreciamos antiguos taludes y muretes.
En unos metros, abandonamos la pista por la derecha y seguimos ahora un camino, mucho más desdibujado, en dirección sur-norte. Es importante seguir el track de GPS para encontrar este rastro y no perderse. En trescientos metros, llegaremos a un cauce, donde discurre un menguado arroyuelo. Se aprecian taludes construidos sobre la orilla a modo de canalización.

Una  vez en el bosque, dentro del espolón de Casares, apreciamos multitud de antiguos muros y acumulaciones de piedras.
El arroyo de la Nava.
Cruzamos, subimos por la otra orilla y nos introducimos en un bosquete de encinas. El track  nos va guiando siguiendo pasillos abiertos entre los árboles. Avanzamos con comodidad, internándonos más y más en el bosque. Llegamos a un marcado cruce y nuestro GPS nos indica que hay que torcer a la derecha.

Llegamos por fin a la entrada a la cueva de Casares.
En apenas cien metros, alcanzaremos el primer gran hito de nuestra excursión de hoy: la cueva de Casares. Su aproximación es espectacular ya que entraremos en un pasadizo rocoso que se retuerce hacia la izquierda hasta desembocar en una amplia estancia. La gruta asemeja una enorme habitación con varias ventanas y es de considerables dimensiones.


La gruta es impresionante, tiene tres aperturas, a modo de ventanales abierto al vacío. La más extrema, orientada al norte, está asomada sobre el vallejo que sube desde las inmediaciones de Tudanca, abajo junto al Ebro. Impresionantes vistas desde esta balconada natural.


Cueva de Casares





Una vez hemos visitado la cueva, retornamos hasta el cruce que mencionamos y continuamos siguiendo el track avanzando por el bosque. Durante el recorrido, observamos pequeñas acumulaciones de piedras, restos de muros comidos por la vegetación. En poco, alcanzaremos una gran alineación de piedras junto a la cual, en un claro del bosque, hay un gran cercado de piedra, seguramente un antiguo corral para ganado.

Cercado para ganado junto a la muralla.
Restos de la antigua muralla erigida en la Edad del Hierro que hubo aquí.
Este gran muro no son más que los restos del antiguo castro de la Edad del Hierro que ocupaba este espacio. Aunque no nos percatemos, nos encontramos ahora en un estrecho saliente asomado sobre el valle desde el páramo. Esta muralla cierra este espacio por su sitio más estrecho y expuesto, ya que los otros dos lados son inexpugnables cortados. Seguimos por encima de las piedras por la derecha acercándonos al borde norte. En unos cincuenta metros, llegaremos hasta el cortado, directamente sobre el vallejo que vimos antes. Es justo en este punto donde nuestro track indica el descenso. Lo dejamos para más adelante.

Llegamos por fin al pico de Casares, una espectacular balconada sobre el Ebro.
Pero aún no estamos en el extremo más alto, donde se ubica la cúspide del pico Casares. Así que aún tenemos que continuar unos metros siguiendo el borde sin ningún camino, avanzando entre los árboles. Por fortuna la vegetación no es demasiado espesa y conseguimos alcanzar por fin el extremo de la peña.
  
Impresionante balconada desde el pico de Casares. Frente a nosotros, al otro lado del Ebro, la Peña Corderiza y Sierra de Albuera.
Cumbre del pico Casares (1009 metros). No hay buzón ni hito alguno. Puede parecer una altura modesta, y realmente lo es, pero el desnivel sobre el Ebro, de más de 400 metros, hace que resulte muy prominente y de aspecto inexpugnable desde el valle. Lo comprobaremos cuando descendamos por su agreste ladera norte. No es una verdadera cima, sino el extremo más avanzado, a modo de proa, del páramo, asomado sobre el Ebro. Todo este sector de los cañones del Ebro es una sucesión de fuertes desniveles entre el Ebro (a unos 500 - 600 metros s.n.m.) y las alturas descompuestas del páramo, 500 metros más arriba y que vistas desde abajo asemejan cumbres alpinas.

Balconada en el extremo del pico de Casares,
Las vistas desde el pico Casares son excepcionales y solo por su contemplación merece la pena llegar hasta este lugar tan recóndito y dar sentido a esta excursión. A nuestros pies, se desparraman los barrancos salvajes que suben desde el área de Tudanca, junto al Ebro, hasta los altos de la Mazorra.

Video



Observamos justo enfrente, la impresionante torre caliza de la peña Corderiza, que no es más que el extremo más meridional de la bonita Sierra de Albuera. El espacio de esta balconada, es exiguo, pero cómodo. Nos encontramos rodeados por cortados por todas partes excepto la lengua de terreno por donde hemos accedido.


Continuamos la excursión. Nos decidimos finalmente por la opción más compleja pero con toda seguridad más atractiva: descender por la agreste y empinada ladera norte bajando hacia el Ebro, quinientos metros más abajo. Todo el recorrido se producirá siguiendo un valle salvaje, sin caminos aparente.



¡AVISO IMPORTANTE!   este descenso no es sencillo, transcurre por terreno muy agreste y fuerte pendiente para continuar por un largo barranco salvaje sin caminos. Evitar si no se está habituado o se tienen dudas.

En un primer lugar, retornamos por el borde hasta el punto que mencionamos anteriormente. Justo ahí la ladera presenta unos graderíos rocosos que nos habilitan poder iniciar el  descenso.


Hay vegetación baja y mucha piedra suelta, pero al haber árboles, podemos ir afianzándonos e ir perdiendo altura progresivamente a la vez que vamos rodeando poco el torreón del Casares, que ahora vemos imponente alzándose desde nuestra perspectiva a un nivel inferior.


Poco a poco vamos descolgándonos (¡seguir el track siempre!) siguiendo los pasillos más favorables entre la vegetación y la roca menuda. No hay sendas ni trochas, nos guiamos por la intuición en cada momento. Una vez rodeada la cima, la vegetación desaparece y tenemos que enfrentarnos al último tramo por la pedrera.



No hay apenas trocha ni surco, debemos ir perdiendo altura con mucha precaución ayudándonos de los palos. Sin ser demasiado peligroso, una caída seguramente nos haría arrastrarnos unos metros cuesta abajo.


Por fin, con gran alivio, alcanzamos la cabecera superior del barranco, a los pies del Casares, junto a la cabecera del arroyo seco que cruzamos arriba en el páramo. Tras los deshielos de grandes nevadas, se forma un poco más arriba una bonita cascada.

La ladera tiene fuerte pendiente y está cubierta de piedra suelta.
Tras este áspero descenso, el panorama cambia radicalmente. Ahora tenemos que seguir barranco abajo, con pendiente reducida, durante dos kilómetros. La mejor opción es seguir por el cauce pedregoso del arroyo seco, ya que las laderas se presentan cubiertas de vegetación. Además es la única opción al no haber camino alguno al menos en este tramo superior.

Ahora divisamos el balcón rocoso del pico Casares desde abajo.
Aun así, descendemos unos metros por la ladera izquierda, ya que una tenue trocha parece abrirse paso, con dificultades, entre los árboles. Pero en poco, nos damos cuenta que es muy complicado el avance y optamos por bajar al cauce seco. Por él tenemos al menos la seguridad de que la vegetación no nos cortará el paso. Nuestro objetivo es alcanzar aguas abajo, el camino de Tudanca a Valdeahedo, por donde queremos regresar a Ahedo del Butrón.



El recorrido por el barranco es largo, sin encontrar excesivas dificultades, lo más práctico es siempre avanzar por el lecho rocoso del arroyo seco. En unos trescientos metros, se une un cauce lateral por la derecha y debemos remontar por el bosque por la izquierda, para salvar un importante escalón. Continuamos.

El descenso completo por el barranco que baja del Pico Casares discurre por terreno muy agreste.
A medida que perdemos altura, el valle poco a poco se va ampliando y caminamos con más comodidad. A ratos, va a pareciendo, hasta asentarse, una senda que recibimos con alivio. A ambos lados. El barranco sigue siendo muy estrecho. En ambos lados nos acompañan imponentes paredes calizas que se desploman en vertical.


Tras atravesar un cerramiento metálico, el surco del arroyo de nuevo se estrecha para atravesar un estrecho pasadizo entre la roca. Debemos apartarnos y remontar por la derecha para encaramarnos sobre una balconada donde tomamos constancia de donde estamos. Vemos el Ebro cercano abajo abriéndose paso entre los acantilados. Frente a nosotros, destaca la imponente peña Corderiza. El río está cerca ya a nuestros pies.

Desde una balconada, disfrutamos de esta panorámica
Por la derecha de este saliente, nos descolgamos fácilmente, parece haber unos escalones tallados en la roca, para de nuevo, perder altura por una empinada pedrera que nos dejará de nuevo sobre el lecho del arroyo. Aquí el barranco se abre ya bastante y podemos caminar por terreno más abierto.

Alcanzamos por fin los llanos junto al Ebro, no lejos de la localidad de Tudanca.
El sendero es bastante claro y gana entidad. En poco, alcanzamos ¡por fin! el camino que proviene de Tudanca desde la derecha. Hemos superado este espectacular barranco salvaje y solo nos queda retornar a Ahedo del Butrón subiendo por el bonito Sendero de Valdeahedo. Este precioso camino ha sido ya descrito en varias entradas publicadas en este blog.

Nos incorporamos al camino que viene de Tudanca por la derecha.
Giramos a la izquierda, alcanzado rápidamente la entrada al sendero por el impresionante Paso de Valdeahedo: una estrecha abertura practicada sobre un angosto y muy vertical contrafuerte calizo. El sitio es impresionante.

Paso de Valdeahedo.
Lo atravesamos y subimos por el sendero, remontando cómodamente este precioso valle colgado. La pendiente es suave, nos relajamos y disfrutamos del silencio de este paraje.

Interior del sendero de Valdeahedo
Pilón junto a la fuente de Valdeahedo.
Llegamos fácilmente, por fin, de nuevo a los llanos donde se ubica Ahedo del Butrón.

Desde el camino de subida hacia al páramo contemplamos de nuevo la Corderiza.
Algo más de cinco horas después de haber iniciado la ruta, finalizamos esta interesantísima excursión.


A su gran interés paisajístico, la excursión ha tenido una gran componente aventurera y exploratoria por unos de los territorios más agrestes y salvajes del norte burgalés.

De vuelta a Ahedo del Butrón.


PICO DE CASARES
Espacio natural
Sierra de Tudanca (Cañones del Ebro).
Dificultad
Muy alta. El descenso por el barranco desde la cima del Casares hasta enlazar con el sendero de Valdeahedo es largo, complicado y transcurre por terreno muy agreste, con mucha  vegetación sin senderos significativos.
Tipo de camino
Pistas de montaña hasta el espolón de Casares. Terreno libre en el descenso. Sendero y pista por Valdeahedo hasta Ahedo.
Ciclable
Solo es ciclable el sendero de Valdeahedo.
Agua potable
Solo encontraremos en el pilón de fuente Valdeahedo, ya muy cerca de Ahedo del Butrón durante el retorno.
Tipo de marcha
Circular.
Orientación
Muy difícil. Es obligatorio llevar GPS y seguir el track, Durante el descenso por el barranco, nos dejaremos llevar por la intuición para salvar los pasos más complicados entre la vegetación.
Época recomendable
En general todo el año, evitando época de lluvias y días de mucho calor en verano.
Inicio
Ahedo del Butrón.
Distancia de Burgos
62,3 kilómetros.
Tiempo total
5 horas 35 minutos (4 horas 45 minutos en movimiento).
Tiempos de marcha
Ahedo del Butrón-Cueva y pico de Casares: 1 hora 30 minutos;    Pico Casares-Paso de Valdeahedo (descenso): 1 hora 50 minutos; Paso de Valdeahedo-Ahedo del Butrón: 50 minutos.
Distancia total
12 kilómetros.
Interés
Calzada romana, cueva de Casares, castro de Casares, panorámicas desde punta del espolón de Casares, barranco salvaje, paso y sendero de Valdeahedo, arquitectura tradicional e iglesia románica de Ahedo del Butrón.
Altitud mínima
621 m.
Altitud máxima
1007 m.
Desnivel acumulado
744 m.
Mapas
1:50000: 0109 Villarcayo.
1:25000: 0109-3 Villarcayo; 0109-4 Bisjueces.

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Notas:
- La excursión es muy completa tanto en términos de orientación como en dificultad técnica. Como se ha descrito, discurre una gran distancia por terreno agreste, con fuerte pendiente y sin camino.
- Podemos visitar la cueva y pico Casares sin descender por la ladera norte. Para ello solo tenemos que retornar a la gran pista que sube desde Ahedo hasta el páramo y bajar cómodamente hasta el pueblo.
- Se elija la opción que sea, es obligatorio llevar GPS para llegar a los puntos mencionados y que no hay ningún tipo de señalización.
- Para los más habituados a este tipo de terrenos y amantes de los paisajes kársticos, se trata quizás de la mejor opción de excursión por este sector del Alto Ebro.


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Mapa topográfico



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