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domingo, 25 de diciembre de 2016

Valle de Munilla

En la confluencia de los valles norteños de Zamanzas, Manzanedo y Valdebezana, se halla otro pequeño valle, menos visitado, que guarda viejos caminos, añejos pueblos y grandiosos espacios naturales, como el desfiladero de las Palancas. Este espacio no tiene un nombre particular, pero dado que la Sierra de Munilla lo cierra por tres de sus lados y el pueblo del mismo nombre ocupa su parte central, lo llamaremos el Valle de Munilla.


Valle de Munilla



El valle no es más que la prolongación septentrional del Valle de Zamanzas  Su origen geológico se remonta a la sedimentación marina depositada durante el período Cretácico. Posteriormente, sus materiales fueron plegados durante la orogenia alpina, entre hace 20 y 60 millones de años. El anticlinal formado, sufrió un intenso proceso de erosión y vaciamento, que en parte aún continua hoy.

Su sector sur, más conocido, envuelve las poblaciones que pertenecen al municipio de Zamanzas, propiamente dicho.


Pero más al norte, Zamanzas se prolonga, a modo de prolongación, hasta enlazar con el puerto y las tierras de Carrales y el Valle de Valdebezana. 


El flanco oriental del valle está cerrado por la agreste Sierra de Munilla y el occidental está limitado por las paredes que caen desde el páramo de Bricia.



Crespos


Partiendo desde la encantadora población de Crespos, caminaremos por una pista de sur a norte hasta la diminuta aldea de Villanueva de Carrales. Desde allí, regresaremos por otros caminos forestales hasta Munilla, desde donde retornaremos por un sendero montaraz a Crespos.



Llegaremos a Crespos saliendo de Burgos por la carretera N-623. Una vez sobrepasado Ubierna, tomaremos el desvío a hacia Orbaneja del Castillo y el puerto de Carrales. Pasados los cañones del Ebro, nos desviaremos a la derecha para descender hacia el Valle de Manzanedo. Nada más llegar al fondo del valle, tomamos el ramal a la izquierda que nos deja en la diminuta población de Crespos, donde muere la carretera.
Crespos es una pequeña población rodeada de bosques, que se salvó del abandono y la ruina por poco y hoy se ha reconvertido en residencia de fin de semana. Su bella iglesia románica de la Inmaculada Concepción, puede presumir de ser el templo románico conocido más antiguo de la provincia de Burgos, ya que una inscripción en uno de sus vanos, la hace datar de 1181.

Salimos por el camino que va de Crespos a Villanueva de Carrales.
Iniciamos la excursión por el camino que sale por el extremo norte del pueblo. Este sendero se dirige sin pérdida hacia Villanueva de Carrales, del que nos separan cinco kilómetros y medio. El trazado es bueno y avanzamos con comodidad. Tras unos metros iniciales bajo cubierta vegetal, salimos al descubierto. Podemos apreciar mejor el paisaje. Nos encontramos en el fondo del valle. A nuestra izquierda nos acompañan las empinadas y rocosas paredes que caen a pico desde el páramo. A nuestra derecha, la silueta salvaje de las cumbres de la Sierra de Munilla. Todo el recorrido es solitario, silencioso, caminamos por espacios poco frecuentados.

Dejamos a nuestra derecha la cumbre rocosa del Cielma.
Poco antes de llegar a Villanueva, penetramos en un frondoso pinar. Aquí hay que poner atención porque llegaremos a un triple cruce donde debemos tomar el del medio para subir a Villanueva. A la izquierda sale el camino que sube a Bricia, en el páramo, y a la derecha, el que por la parte oriental del valle, se dirige hasta Munilla. Aunque no era el plan inicial, es éste último el que tomaremos para retornar, tras visitar Villanueva de Carrales e intentar subir a la sierra, como explicaremos a continuación. Después de una pequeña cuesta, entramos en las primeras casas de Villanueva de Carrales.

Entramos en Villanueva de Carrales por el camino que viene de Crespos.
Villanueva de Carrales es una diminuta aldea, emplazada muy cerca del Puerto de Carrales, en el límite provincial de Burgos con Cantabria. Al igual que Crespos, el pueblo ha sido salvado de la ruina y el abandono al convertirse en segunda residencia para fin de semana. Apreciamos que muchas de sus casas han sido rehabilitadas. Atravesamos su exiguo caserío y salimos por la carretera de entrada.

Allí mismo, podemos beber agua  de un antiguo y elegante pilón y descansar antes de continuar.

Nuestro plan inicial es volver a Munilla a través de la línea de cumbres de la sierra que cierra el valle por el norte. Hemos encontrado caminos en los mapas que debieran dejarnos subir. Salimos de Villanueva por un sendero montaraz, que en seguida emprende una suave ascensión hacia la plataforma rocosa donde se ubica la cumbre del Tureña.
Desde allí, nuestra intención es crestear, pasando por el Cielma, para descender hacia la carretera que baja a Munilla. Seguimos por el sendero. Éste, a medida que gana altura, nos regala con preciosas panorámicas del valle que queda a nuestra espaldas. A nuestra izquierda con acompañan los afilados cortados que caen a pico desde el páramo. Poco después, nos situamos sobre una amplia curva a la misma altura del páramo.

Bonita vista del valle de Munilla y cumbres del páramo de Bricia.



Una vez superada la curva, nos plantamos sobre un despejado collado, muy cerca de la muralla rocosa del Tureña, que tenemos enfrente. Tras salvar una alambrada, proseguimos por lo que parece camino diáfano por la ladera hacia la cumbre, pero desgraciadamente comprobamos pronto que está perdido. Pronto nos introducimos en una trampa de maleza y aulagas que nos hacen desistir. Aunque la pared rocosa no parece lejana, es imposible continuar por este terreno, por lo que a duras penas, destrepamos entre los matorrales para reincorporarnos de nuevo al sendero que traíamos desde Vilanueva y retornar de nuevo al pueblo.


No hay duda, tenemos que retornar a Munilla por el valle y lo haremos por la pista que sigue la línea de cumbres por la parte oriental del valle. Deshacemos parte del camino por el que subimos a Villanueva hasta llegar al cruce que mencionamos y nos incorporamos por nuestra izquierda a la pista que nos debe llevar hasta Munilla.

Sendero de regreso a Munilla.
Caminamos con facilidad siguiendo el valle de norte a sur. En muchos tramos, la cubierta vegetal nos acompaña. También superamos amplios charcos. A la izquierda, nos acompañan los inaccesibles cortados rocosos de la sierra. Recorremos muchos kilómetros sin rastro humano más allá de ruinas de antiguas tenadas.


Ruinas de Perros
No lejos ya de Munilla, pasamos muy cerca de las ruinas del despoblado de Perros, población abandonada a mediados del siglo XX. Solo se aprecian desde el camino algunas piedras y un muro que resiste. Perros nunca llegó más allá de ser una pequeña población dependiente de Munilla, en donde nunca llegó el asfalto ni la luz eléctrica. Fue deshabitado a finales de los 60.

Nos acercamos a Munilla, siguiendo la línea de cumbres de la sierra.

Poco a poco vamos acercándonos a la parte central del valle, ya a la vista de Munilla, que vemos desde lejos a la sombra del pico Valdericanes. El camino desemboca en la carretera que baja al pueblo y en diez minutos por el asfalto, entramos en las primeras casas del pueblo. De Villanueva aquí hemos tardado algo más de una hora.
Munilla es también un aislado pueblo hoy felizmente muy recuperado con una estupenda iglesia románica. Es visitado por todos los senderistas que atraviesan el cercano desfiladero de las Palancas, llegando aquí desde el vecino Lándraves, en el Valle de Manzanedo.


Munilla
Atravesamos el centro del pueblo y salimos por una calle por la derecha que desciende hacia unas praderas, cruzando el río primero. Tenemos que conectar con el camino que se dirige a Crespos. Lo encontramos con facilidad y por él, entre prados y arboledas, dejamos Munilla atrás.

Magnífica panorámica de Munilla con la sierra del mismo nombre de fondo.
Sierra de Munilla y desfiladero de las Palancas (derecha).
Camino de Munilla a Crespos.
El camino pronto se estrecha e inicia una suave ascensión para superior un pequeño portillo que hay entre los dos pueblos. Es en este tramo donde tenemos que seguir las señales para no despistarnos, ya que hay varios cruces y la vegetación no impide apreciar bien donde estamos.


Video





Entramos en Crespos finalmente llegando por un estrecho corredor, entre prados y chopos, tras algo menos de cinco horas de caminata desde que salimos a primera hora de la mañana.

Entramos en Crespos por el camino de Villanueva.

DE CRESPOS A MUNILLA
Espacio natural
Valle al norte de Zamanzas flanqueado por la Sierra de Munilla y el borde del páramo de Bricia. Discurre por él el arroyo de la Serna que atraviesa la sierra por el desfiladero de las Palancas.
Dificultad
Media, por su largo recorrido y dficultades de orientación.
Tipo de camino
Pistas forestales y senderos de media montaña (de Munilla a Crespos).
Ciclable
Sí.
Agua potable
Encontraremos en todos los pueblos del recorrido (Crespos, Villanueva de Carrales y Munilla).
Tipo de marcha
Circular.
Orientación
Difícil. Aunque el recorrido es bastante intuitivo, hay varios cruces sin señalizar, especialmente el itinerario entre Munilla y Crespos.
Época recomendable
Todo el año, aunque preferible en primavera y otoño.
Inicio
Crespos.
Distancia de Burgos
74,8 kilómetros.
Tiempo total
4 horas 40 minutos.
Tiempos de marcha
Crespos-Villanueva de Carrales: 1 hora y 5 minutos; Villanueva de Carrales-Munilla: 1 hora y 10 minutos; Munilla-Crespos: 50 minutos.
Distancia total
17,6 kilómetros.
Interés
Paisajes de la Sierra de Munilla y páramo, bosques, ruinas de Perros, arquitectura tradicional.
Altitud mínima
729 m.
Altitud máxima
1093 m.
Desnivel acumulado
668 m.
Mapas
1:50000: 0109 Villarcayo.
1:25000: 0109-1 Soncillo; 0109-3 Manzanedo.

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f

Notas:

- Aunque el itinerario es muy intuitivo, es recomendable disponer de GPS, sobre todo para encontrar los caminos correctos en el retorno.
- Munilla es una excelente base de excursiones para visitar el desfiladero de los Palancas, subir a la sierra y acceder a la comarca de Arreba.
- Soncillo es la población importante más cercana a Munilla. Allí podemos encontrar bar para comer y descansar.
- Todo el recorrido es perfectamente apto para ser realizado en bicicleta ya que nunca encontraremos grandes pendientes y las pistas por las que rodaremos son bastante estables.


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Mapa topográfico



Perfil de elevación


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martes, 7 de octubre de 2014

Valles de Zamanzas y Manzanedo en bicicleta

Los Valles de Manzanedo y Zamanzas se ubican en el Alto Ebro burgalés, a medio camino entre los páramos de las Loras y las Merindades. Estos recónditos y tranquilos valles, se pueden recorrer fácilmente en bicicleta ya que son poco transitados y están surcados de caminos y senderos. Ambos ofrecen espléndidos paisajes con prados verdes, montañas y desfiladeros rocosos a la vez que están surcados de pequeños pueblos con arquitectura tradicional. La ruta recorre en bicicleta ambos valles y no presenta especiales dificultades físicas. Dentro del itinerario, se cruzarán los impresionantes desfiladeros de las Palancas y los Tornos.


Valle de Zamanzas



La ruta comenzará en el pueblo de Gallejones, en el Valle de Zamanzas. Llegaremos desde Burgos tomando la carretera de Santander para desviarnos en Ubierna hacia Tubilla del Agua-Los Tornos. Tras pasar este pueblo y dejar el desvío a Orbaneja del Castillo a la izquierda, subiremos al páramo de Bricia.


Nada más llegar al llano, tomamos a la derecha la carretera local que se dirige al valle. La carretera tiene que salvar un desnivel de más de 200 metros, por lo que se disfrutan de inmejorables panorámicas. Llegamos al pueblo de Gallejones nada más llegar al fondo del valle.

Valle de Zamanzas.
El caserío del pueblo se haya disperso, por lo cual podemos dejar los coches en cualquier rincón en que no molestemos a los vecinos. Sacamos las bicicletas y emprendemos la marcha.

Comenzamos el recorrido en el pueblo de Gallejones.
Desde Gallejones, tomaremos la magnífica pista que sale por la parte alta del pueblo y sube con decisión hacia el norte. Siempre tendremos la ladera de la montaña a nuestra izquierda. El camino recorre solitarios parajes entre frondosos bosques. Es el llamado camino de Gallejones y unía este pueblo con Báscones de Zamanzas y Población de Arreba.

Ruinas de Báscones de Zamanzas.
Población de Arreba.
El primero de ellos, hoy abandonado, lo dejaremos a nuestra derecha sumergido entre la vegatación, que todo lo invade. Aún se perfilan los restos de su iglesia, semioculta entre la hiedra y también los muros de algunas casas en ruinas.
Seguimos por el camino hasta el pueblo de Población de Arreba. El pueblo, muy disminuido, aún mantiene vida y posee algunas edificaciones de nueva construcción.
A la salida del pueblo, tomamos la carretera que desciende desde el páramo hacia el valle. Por ella, deshacemos aproximadamente un kilómetro hacia el páramo hasta tomar el desvío a la derecha que lleva a Crespos, el pueblo más septentrional del Valle de Zamanzas.
Crespos, pequeña aldea, se halla hoy muy reformado, poseyendo buenas segundas viviendas que han sabido mantener el estilo de arquitectura tradicional. El pueblo presume de tener la iglesia parroquial más antigua de la provincia de Burgos. Una inscripción en sus muros informa de la fecha de su fundación: 1143.

Iglesia románica de Crespos.
Desde Crespos, debemos tomar el sendero que sale por su extremo norte siguiendo el borde de un arroyo entre praderas. Aunque la senda es un poco difusa, claramente se va convirtiendo en camino y emprende el ascenso por el monte que separa el pueblo del vallejo contiguo donde se halla la aldea de Munilla, ya perteneciente al Valle de Manzanedo. La subida no es dificultosa.

Munilla.
Desde lo alto de un portillo, divisamos Munilla entre bosques a los pies de la sierra del mismo nombre. A su derecha, vemos ya el impresionante cortado entre las rocas que forman el desfiladero de las Palancas por donde discurre el arroyo de la Serna y deberemos pasar tras atravesar el pueblo. Descendemos por el camino hasta Munilla y entramos en su calles. El pueblo mantiene vida y cierta actividad ganadera, sumido en la más absoluta tranquilidad que le confiere su aislado emplazamiento, un subvalle septentrional del Valle de Zamanzas. No en vano se halla rodeado de montes por todos sus lados.

Ya divisamos el desfiladero de las Palancas en la Sierra de Munilla.

Iglesia de Munilla.

Pasamos el pueblo y continuamos por un marcado camino que se dirige sin pérdida hacia el desfiladero, visible ya frente a nosotros a lo lejos.
Antes de llegar, admiramos los impresionantes farallones rocosos que se desploman en vertical hacia el paso excavado por el arroyo de la Serna  en su incesante labor erosionadora a lo largo de millones de años. Entramos en el desfiladero de las Palancas.
En época de lluvias, resultaría imposible pasar por aquí, pero estamos en verano y el caudal del agua es muy bajo, pudiendo atravesarlo con facilidad. Pasamos con la bicicleta al hombro apoyándonos en las piedras que sobresalen del agua. En el punto más estrecho, podemos prácticamente palpar con nuestros brazos ambas orillas. Salimos del desfiladero y continuamos por un sendero que bajo cubierta vegetal continúa sin pérdida hacia la aldea de Lándraves, donde llegamos en apenas diez minutos.

Atravesamos caminando el desfiladero de las Palancas.
Lándraves suele ser punto de partida de los excursionistas que quieren visitar el desfiladero de las Palancas. Atravesamos sus calles y salimos por un camino que discurre paralelo a la carretera hacia el este. Este camino, en su inicio en buen estado, se tornó muy difícil por la selvática vegetación que lo invade un kilómetro más adelante. El recorrido hasta el cercano pueblo de Consortes se volvió muy complicado, siendo necesaria una penosa ascensión por un pinar hasta el pueblo. Así pues lo mejor es salvar la distancia entre Lándraves y Consortes por la carretera que los une.

Lándraves.

Consortes.
Consortes, emplazado en un alto, es buen punto para descansar y repostar agua. Estamos en el punto medio del recorrido y aún nos queda retornar al Valle de Zamanzas siguiendo la orilla del Ebro. La aldea de Consortes ocupa un pintoresco lugar dentro del Valle de Manzanedo, ya que se ubica sobre un altozano a medio camino entre las montañas que cierran el valle por el norte, y la Sierra de Albuera. Esta última, formada por gran cordal rocoso que discurre de NO. a SE. y separa los valles de Zamanzas y Manzanedo y la Mazorra, no es más el flanco oriental del potente anticlinal arrasado de Zamanzas. La sierra, es atravesada transversalmente por varias cluses como el referido desfiladero de las Palancas, el Portillo del Castillo o de Arreba y la de Tubilleja, entre este pueblo y Tudanca. El recorrido y exploración de la Sierra de Albuera será objeto de posteriores entradas en este blog ya que por su excepcional ubicación, bien merece varias excursiones.
Cidad de Ebro: puente sobre el río Ebro.
Cidad de Ebro.
Desde Consortes, nos reincorporamos a la carretera que recorre el valle de Manzanedo. Para ello, descendemos desde lo alto del pueblo hasta tomar el cruce que lleva al pueblo de San Miguel de Cornezuelo. Dejamos este pueblo a nuestra derecha sin entrar en él (si hay tiempo, merece la pena visitar su coqueta iglesita románica, muy bien conservada). Justo a su salida, tomaremos el desvío hacia Cidad de Ebro. donde llegamos en apenas un kilómetro más. Antes de entrar en sus calles, atravesamos el río Ebro por un estrecho puente.
El pueblo, bastante extendido, se ubica junto a una curva formada por el Ebro en una amplia vega, tras haber salvado el agreste desfiladero de los Tornos. Aunque su caserío ha sido muy reformado, aún mantiene buenas muestras de arquitectura tradicional entre sus amplias calles. Atravesamos el pueblo y tomamos el camino que sube desde la iglesia hacia el sur, introduciéndose rápidamente en el bosque.

Dejamos el Valle de Manzanedo atrás.
Es este camino el que debemos tomar para llegar a Tudanca, atravesando el desfiladero de los Tornos. Este recorrido de ida y vuelta entre Tudanca y Cidad de Ebro ya ha sido relatado en este blog en la entrada Desfiladero de los Tornos.  

De Cidad de Ebro a Tudanca atravesamos el desfiladero de los Tornos.
El recorrido es muy placentero por sus excepcionales panorámica sobre el río que se abre paso entre los riscos y murallas rocosas que separan la Sierra de Albuera y los altos de la Mazorra. Llevamos ya unos cuantos kilómetros encima y la subida hacia los altos del desfiladero nos resulta un poco dura. El descenso a Tudanca debe hacerse con precaución y en algún tramos, será incluso necesario realizarlo con la bicicleta al hombro ya que el camino es muy estrecho en su descenso hasta la orilla del río.

El Ebro a su paso por Tudanca.
Entramos en Tudanca. El pueblo se ubica en un magnífico paraje, junto a una amplia curva que describe el Ebro, y se halla rodeado de riscos por todos sus lados.

Atravesamos Tubilleja en el retorno a Gallejones
Pasamos el pueblo y salimos por la carretera hacia el cercano pueblo de Tubilleja. Tras atravesar una agreste cluse formada por el río Ebro, llegamos al pueblo y regresamos al Valle de Zamanzas que habíamos dejado en Crespos.

Villanueva-Rampalay.
Desde Tubilleja, el recorrido ya será siempre por carretera hasta Gallejones. Aún debemos atravesar el pueblo de Villanueva-Rampalay, famoso por el espléndido puente románico sobre el Ebro, en muy buen estado de conservación. Desde aquí, en dos kilómetros y medio más, llegamos a Gallejones, punto de origen de nuestra excursión.

Llegamos a Gallejones.

VALLES DE ZAMANZAS Y MANZANEDO EN BICICLETA
Dificultad
Media, por su longitud y dificultades de orientación.
Ciclable
Sí.
Circular
Sí.
Orientación
Muchos cambios y cruces de caminos. Llevar GPS y/o mapas.
Época recomendable
Desde primavera hasta el otoño, evitando época de lluvias.
Inicio
Gallejones.
Distancia de Burgos
71,7 kilómetros.
Tiempo total
Unas 5 horas.
Distancia total
33 kilómetros.
Interés
Paisajes de los Valles de Manzanedo y Zamanzas. Desfiladeros de las Palancas y los Tornos. Pueblos pintorescos.
Altitud mínima
602 m.
Altitud máxima
873 m.
Mapas
1:50000: 0109 Villarcayo.
1:25000: 0109-3 Manzanedo.


Notas:
- La ruta no es excesivamente exigente si se toman los caminos y viales correctos, que son muchos, por lo que se recomienda llevar un GPS.
- Se atraviesan muchos pequeños pueblos y aldeas, en la mayoría de los cuales solo puede encontrarse un bar abierto en época veraniega.
- El desfiladero de las Palancas puede estar impracticable en época de lluvias, hay que estar preparado para la posibilidad de tener que atravesarlo metiendo los pies en el agua.
- Los Valles de Zamanzas y Manzanedo son ricos en arquitectura popular e iglesias románicas. Destacan entre otros, las iglesias románicas de Crespos y San Miguel de Cornezuelo, y las ruinas del Monasterio de Rioseco, hoy en fase de recuperación.




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