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miércoles, 12 de febrero de 2014

Páramos del noreste de Burgos en bicicleta

El entorno NE. de la ciudad de Burgos está formado por una sucesión de páramos que sirven de división entre las cuencas del Ubierna y el Arlanzón.  Su recorrido es muy apropiado en bicicleta por la facilidad de acceso. La ruta que se presenta saldrá de la ciudad por el barrio de Villímar para, tras pasar por el Convento de San Esteban de los Olmos y remontar el páramo de Cótar, descender al pueblo de Hurones. Desde él, subiremos de nuevo el páramo para retornar a Burgos por el monte de Bella Vista. Bajamos finalmente a la ciudad descendiendo por el entorno del túnel de la circunvalación norte y la estación nueva del ferrocarril.

Comenzaremos la ruta siguiendo el camino que discurre junto al río Vena. Este vial en su sector entre la Avenida de los Reyes Católicos y el pueblo de Villímar ha sido intensamente reformado por lo cual es posible salir de la ciudad rodando siguiendo el carril bici.

Salimos por el carril bici del Río Vena hacia Villímar.
Una vez en el barrio de Villímar, pasamos la plaza por la antigua carretera de Poza de la Sal. Nada más dejar las últimas casas del pueblo, en una rotonda, tomamos el desvío señalizado a la derecha que nos indica el Convento de San Esteban de los Olmos.

Salimos de Villímar hacia el Convento de San Esteban de los Olmos.

Paso subterráneo de la circunvalación.
Salimos definitivamente del entorno de la ciudad y atravesamos el sistema de carreteras que forman la circunvalación en su sector NO. 
Tras cruzarla por un paso subterráneo, tomaremos el desvío a la derecha para rodar medio kilómetro paralelos a la circunvalación, que queda a nuestra derecha. La vía se va apartando progresivamente de la carretera y tuerce a la izquierda buscando un vallejo que sube al páramo.

Nos dirigimos hacia un vallejo que sube el páramo.
Ya por una carretera secundaria pasamos por un puentecito sobre la vía del ferrocarril y nos introducimos en el valle donde se ubica el Convento de San Esteban de los Olmos, ubicado en un recóndito y tranquilo lugar que sorprende al visitante que viene por aquí por primera vez.

Convento de San Esteban de los Olmos.


El entorno del convento es pues muy atractivo ya que forma la cabecera de un recóndito vallejo que sube al páramo de Cótar. Dejamos el convento a nuestra derecha y proseguimos valle arriba por una pista en mediano estado.

Llegados al páramo, tomamos el camino de la izquierda.
Hurones visto desde el páramo de Cótar.
El desnivel que tenemos que cubrir es escaso, así que fácilmente nos posicionamos sobre el páramo, donde las vistas se ensanchan. Justo aquí, estamos en una encrucijada de caminos. A la izquierda descenderíamos al barrio de Villatoro, hacia a la derecha, seguiríamos por el páramo al encuentro del pueblo de Cótar, por lo cual hay que coger la pista central, por la cual rodamos por el páramo hacia el NE.
La mejor manera de orientarnos será rodar teniendo a nuestra izquierda una línea de alta tensión.

Descendemos del páramo al pueblo de Hurones, atravesando el Camino de los Romanos.
Recorrido aproximadamente un kilómetro, encontraremos una marcada pista a nuestra izquierda. Será la que debemos tomar para descender a Hurones, aún no visible.
La pista enseguida desciende al fondo del valle, teniendo ya a la vista el pueblo de Hurones. Antes de llegar al llano describe un par de curvas por lo cual debemos aminorar la velocidad dada la fuerte pendiente.
Antes de llegar a Hurones, pasamos por un marcado cruce. Es el llamado Camino de los Romanos, llamado así por seguir el trazado marcado por la antigua calzada romana que iba de Bayona a Astorga, Aunque la ciudad de Burgos propiamente no existí, pasaba por sus inmediaciones uniendo las ciudades romanas de Tritium Autrigonum (cerca de Monasterio de Rodilla) y Segisama (Sasamón).

Iglesia románica de Santiago Apóstol en Hurones.
Entramos en Hurones. El pueblo no ha sido aún transformado por el boom inmobiliario y disfruta de una gran tranquilidad, aún estando ubicado a solo cinco kilómetros de Villímar.
En el pueblo destaca la iglesia románica de Santiago Apóstol, que posee un espléndido ábside. Justo al lado del templo, podemos repostar agua en una fuente y descansar.
Muy cerca alcanzamos la carretera, que cruzamos. Justo al otro lado, junto a un chalet, nace la pista que sube de nuevo al páramo y debemos coger.

Tomamos la pista junto a un chalet de la carretera que sube al páramo.
Esta pista, en buen estado, sube de nuevo al páramo de nuevo. Nos posicionamos en una plataforma que cierra la ciudad por el NE. y separa las tierras bañadas por el río Vena del Ubierna. Si miramos hacia el norte, divisamos las primeras alturas que nos anuncian la cadena montañosa que de SE. a NO. sirve de orla meridional de las llamadas Montañas de Burgos.

Debemos desviarnos a la izquierda desde el camino de Hurones a Celada de la Torre.
Debemos continuar por la pista sin tomar ningún camino lateral que surge, hasta llegar hasta un marcado talud (ver foto). Siguiendo rectos, continuando por la pista, bajaríamos al pueblo de Celada de la Torre, por lo cual debemos tomar el desvío a la izquierda en direccíón oeste y emprendiendo el retorno a Burgos.

Volvemos a la ciudad por el Camino Real de Burgos a Oña.
Continuamos ya sin pérdida por una amplia pista llamada Camino Real de Burgos a Oña. Tenemos aún casi seis kilómetros antes de comenzar el descenso a la ciudad. Según progresamos, nos posicionamos en la parte más alta de la meseta con lo cual ensanchamos las vistas, sobre todo hacia el norte.
Contínuamente nos saldrán caminos a izquierda y derecha, que descienden a los valles laterales, buscando los pueblos de Villayerno-Morquillas y el Valle de Rioseras. La mejor indicación para no desviarse es tomar siempre la dirección más recta hacia el bosque que divisamos al fondo: el monte de Vista Alegre.

Continuamos por el monte de Bella Vista.
Entramos en el monte de Bella Vista, una extensa mancha de pinos que puebla los cerros que cierran la ciudad por su sector NE. Es frecuente ver a corredores y paseantes que suben aquí a hacer deporte.
A mitad de su travesía encontramos una fea y ancha pista a mano derecha que fue habilitada cuando se construyó el túnel de la circunvalación.


Llegamos al final del bosque y emprendemos el descenso por terreno despejado, ya a la vista de la ciudad al fondo abajo. Solo tenemos ya que descender (frenando) para salvar el desnivel. 

Pasamos por encima del túnel de Fuente Buena, construido cuando se cerró la circunvalación NE.
Pasaremos por encima del túnel de Fuente Buena y el del ferrocarril, para desembocar por un carril asfaltado en las inmediaciones de la calle Islas Baleares, cerca de una gasolinera.

Puente nuevo construido sobre el desvío del ferrocarril.

Páramos del noreste de Burgos en bicicleta



Notas:
- La ruta es desaconsejable cuando el terreno esté blando por las lluvias.
- Desde el páramo es posible enlazar con otros caminos como descender a Cótar y Rubena por el este o bajar hacia Celada de la Torre y Sotopalacios por el norte, alargando la excursión.


Entradas relacionadas:


Mapa topográfico



Perfil de elevación


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jueves, 23 de mayo de 2013

Camino de los Romanos en bicicleta

Esta ruta ciclista, de 50 kilómetros, tiene gran interés por la variedad de paisajes y entornos por los que se desarrolla. Es por tanto muy apta para realizarse en una mañana pues su duración es aproximadamente de unas tres horas y media y no requiere un gran esfuerzo físico al no haber grandes pendientes en todo su recorrido.
Su trazado discurre por los restos de una calzada romana, hoy rehabilitados y se atraviesan varios pueblos del alfoz de Burgos.

Comenzaremos desde el barrio de Villímar, en el sector NE. de la ciudad.
Saliendo por la carretera que atraviesa el pueblo hacia el norte (carretera de Poza), tomamos el desvío a mano derecha que indica Convento de San Esteban de los Olmos.
Tras atravesar mediante un paso inferior la autovía de ronda, salimos a un cruce en el que giramos de nuevo hacia la derecha. Tras continuar un pequeño tramo paralelos a la autovía, giramos a la izquierda por un puente que cruza la vía de ferrocarril y se transforma en pista. Nos introducimos ya en una vaguada que sube hacia el páramo de Cótar y en el cual se emplaza el Convento de San Esteban de los Olmos, que queda a mano derecha.

Convento de San Esteban de los Olmos.
Dejamos el convento atrás y pasamos junto a una granja anexa (cuidado con los perros ladrando ...), afrontamos una pequeña cuesta que sube la vaguada por un pinar, sin dificultades, y que nos deja en el páramo de Cótar.

Camino que sube al páramo de Cótar desde las inmediaciones del Convento de San Esteban de los Olmos.
Cogemos el ramal izquierdo por el cual discurrimos, siguiendo desde arriba la línea del valle donde se asientan los pueblos de Villayerno Morquillas y Hurones. Esta pista discurre al encuentro de una línea de alta tensión que vemos ya desde lejos. Tenemos que estar atentos a salirnos a mano izquierda para emprender el descenso hacia Hurones, visible ya desde hace tiempo abajo sobre el valle.
Bajamos con cierta pendiente hacia el pueblo, pero antes nos topamos al cruce con una ancha pista transversal, a la que nos incorporamos girando hacia la derecha.

Hurones desde el páramo de Cótar.
Esta pista que cogemos no es más que los restos de la antigua calzada romana que discurría de Bayona a Astorga, a su paso por Burgos. Aunque la ciudad propiamente no existía en tiempos romanos, unía las ciudad de Tritium Autrigonum (en las inmediaciones de Monasterio de Rodilla) con Segisama (Sasamón).

Bajando a Hurones desde el páramo.
Tras dejar Hurones atrás a nuestra izquierda, en breve, pasamos junto a la granja de Las Mijaradas y en unos trescientos metros, nos colocamos junto a los campos del club de golf de Riocerezo, completamente vallado. La pista discurre junto a la valla durante unos doscientos metros.

Granja de Las Mijaradas.
La vía romana ha sido acondicionada por el municipio de Quintanapalla, en el que entramos nada más dejar la valla del club de golf. Justo en la raya del término, encontramos los primeros paneles explicativos de la vía.


Hay áreas de descanso junto a la calzada con bancos. Es interesante leer los paneles pues nos ayudan a entender el proceso de construcción de las calzadas romanas y descubrir los escasos restos sobre los que rodamos (desgraciadamente muy desdibujados hoy en día).

Tramo bien conservado de la calzada romana.
Recreación de dioptra, instrumento utilizado por los romanos para el trazado de las calzadas.
Aún dentro del término municipal de Quintanapalla, dejamos a mano derecha su famosa dehesa de robles, auténtica isla vegetal en el llano desnudo.

Dehesa de Quintanapalla.
Continuamos durante un largo y recto trayecto de unos cinco kilómetros que nos aproxima hasta las inmediaciones del Puerto de la Brújula que poco a poco vamos vislumbrando en el horizonte.
Las vistas sobre la Sierra la Demanda también son bastante buenas ya que desde donde nos encontramos no hay obstáculos físicos importantes que nos impidan la visualización de sus cumbres.
Por fin, llegamos a las cercanías de la carretera N-I justo antes de la subida al Puerto de la Brújula. La pista que llevamos desde la bajada a Hurones, desaparece parcialmente y nos  tenemos que incorporar a la carretera en sentido Burgos para pasar por un paso inferior al otro lado y coger la carretera local que lleva al pueblo de Fresno de Rodilla. 
Desde él, cogemos un camino que sale a la derecha, según llegamos desde la carretera, y que será el que nos lleve a las cercanías de Atapuerca.
La pista discurre entre los campos y no nos desviamos de ella. Tras llegar a un pequeño alto, vislumbramos el llano donde se asienta el pueblo de Atapuerca, abajo a nuestra derecha, junto a las lagunas recientemente recuperadas.

Bajando a Atapuerca. Al fondo, la Sierra homónima.
Bajamos la cuesta, pasamos la vía del tren y la carretera que va a Barrios de Colina, para continuar por un ramal recto, siempre teniendo frente a nosotros a la derecha, el pueblo de Atapuerca.
Pasamos junto al área de recepción de visitantes (aún sin inaugurar en 2013) y llegamos al cruce con la carretera de Atapuerca a Agés, junto a los menhires conmemorativos de la batalla de Atapuerca, que tuvo lugar en estos lares en 1054. Todos los años, los vecinos de Atapuerca y otras asociaciones recrean aquí la famosa batalla entre castellanos y navarros.

Monolitos conmemorativos junto a la carretera de Atapuerca a Agés.
En la dirección que venimos, y tras pasar la carretera, continuamos por una senda ya de menor entidad. La Sierra de Atapuerca la tenemos en este recorrido siempre a nuestra derecha, cercana. Superamos un pequeño repecho y nos plantamos sobre el Valle del Arlanzón, delante abajo, con las casas de Zalduendo en primer término.
Bajamos la cuesta y llegamos a la carretera de Logroño, junto al pueblo.

Zalduendo. Al fondo, el pico Trigaza (2086 metros).
Nos encontramos ya sobre el mismo Camino de Santiago (uno de sus ramales), sobre el cual ya solo tenemos que regresar a Burgos, siempre por una pista que discurre paralela a la carretera y muy frecuentada por ciclistas.
Tras pasar los pueblos de Ibeas de Juarros y Castañares, nos plantamos ya en las puertas de la ciudad.


Camino de los Romanos en bicicleta



Notas:
- En época de lluvias puede haber extensos charcos y el tramo de Fresno a Zalduendo puede estar impracticable por el barro.


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