miércoles, 12 de junio de 2013

Valle de las Navas en bicicleta

El Valle de las Navas es una zona de transición entre los altos del Páramo de Masa y los llanos de la Bureba. En su interior predomina un paisaje casi desértico de maeriales blandos con curiosas tonalidades que le dan un carácter único. Además de atravesar seis pueblos, pasaremos por los despoblados de Valdearnedo y Cobos junto a la Molina. El antiguo trazado del ferrocarril Santander-Mediterráneo (en fase de transformación en vía verde) discurre por la comarca de sur a norte y recorremos algunos de sus tramos.


Valle de las Navas



Comenzaremos en el punto más cercano y accesible desde Burgos: la localidad de La Molina de Ubierna. Llegamos por la carretera C-629 Burgos-Villarcayo que tomamos nada más pasar Sotopalacios. Tras atravesar Peñahorada y pasar la caseta junto a la antigua vía de ferrocarril, cogemos el desvío a mano derecha que nos deja en este pueblo.

La Molina de Ubierna, origen de la ruta.
Representación de la Pasión en La Molina.
Dejamos La Molina de Ubierna, primer pueblo del recorrido.
La Molina de Ubierna es conocido por la representación de la Pasión viviente que ofrecen sus vecinos todos los Viernes Santos, sobre la campa junto a la ermita en la parte alta del pueblo. Saldremos por una marcada pista paralela al antiguo ferrocarril, que sube casi en línea recta hacia el norte.

Cobos junto a la Molina.
En apenas, dos kilometros y medio, pasamos bajo un túnel del ferrocarril y entramos en el despoblado de Cobos junto a la Molina. Comprobamos, que aunque en franco abandono, aún mantiene vida los fines de semana y hay unas cuantas casas habitadas. Pasamos junto a su iglesia, en un extremo del pueblo y continuamos por la pista hacia el norte.

Puente bajo el ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Cobos junto a la Molina.
Salimos de Cobos y divisamos la ermita de Ntra. Sra. de los Angeles.
Restos de la ermita románica de Nuestra Señora de los Angeles.

Tras pasar Cobos, continuamos hacia el norte por una larga pista. Dejamos a nuestra izquierda los restos románicos de la ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, hoy en ruina total, y continuamos hasta el siguiente destino: Quintanarruz, en donde llegamos en apenas kilómetro y medio.

Nos acercamos a Quintanarruz.
En Quintanarruz destaca la espléndida portada románica de su iglesia, con bellos capiteles y arquivoltas.
Atravesamos el exiguo caserío del pueblo para incorporarnos a la carretera que sale hacia el vecino Lermilla, a donde llegamos por la carretera que muere en esta pequeña localidad. El río Homino, que nace cerca de Hontomín, pasa junto a sus casas.

Iglesia de Santa Leocadia de Quintanarruz.

Quintanarruz

Quintanarruz: curiosa ventana con blasón partido.

Aunque Lermilla se presenta algo apartado y muestra poca vida durante los meses invernales, en verano y períodos vacacionales recobra una gran actividad. Desde esta localidad, parten viejas pistas hacia Hontomín, Arconada y los despoblados de Valdearnedo y Bárcenas de Bureba, éstos últimos, a través de caminos hoy casi olvidados.

Llegamos a Lermilla, junto al río Homino.
Nosotros tomamos una marcada pista que continua la carretera, junto a una bonita fuente, que nos llevará a Arconada. La pista es amplia y discurre en paralelo con el antiguo trazado del ferrocarril Santander-Mediterráneo.

Lermilla.
Fuente junto a la carretera,
Dejamos atrás Lermilla por una pista que se dirige a Arconada.
Lermilla es el último punto "habitado" en un largo recorrido hasta el siguiente pueblo: Arconada de Bureba. Entre las dos localidades, recorremos muchos kilómetros atravesando parajes de caprichosas formas arcillosas que no dejan de sorprender (huelga decir que el suelo puede estar embarrado en épocas de lluvia y no es posible recorrerlo en bicicleta a riesgo de quedarnos clavados en el barro).

Relieve erosionado de vivos colores.
Arconada de Bureba ocupa la zona más al norte de esta curiosa comarca. Su iglesia, en lo alto, domina todo el pueblo.

Arconada de Bureba.
Dejamos Arconada y nos dirigimos a Valdearnedo.
Desde Arconada, debemos coger otra pista que definitivamente se dirige hacia el sur, iniciando el retorno hacia nuestro punto de partida.



Una marcada pista va zigzagueando entre vallejos descarnados al encuentro de la gran sorpresa del recorrido: el despoblado de Valdearnedo. Las ruinas se ubican en un ensanchamiento del vallejo recorrido por el arroyo Valdizán. El pueblo se presenta muy aislado ya que se halla rodeado de montes y lejos de cualquier de vía de comunicación.

Valdearnedo
l

En Valdearnedo aún podemos apreciar casi intactas las casas abandonadas tal como las dejaron sus vecinos. Su iglesia, de origen románico, curiosamente aún resiste en pie, ya que sus muros fueron sujetados con unas barras de hierro que evitan el desplome de la bóveda.

Continuamos hacia el sur camino de Melgosa.
Desde Valdearnedo, proseguimos la ruta entre valles solitarios hasta Melgosa de Burgos, pequeña aldea, y su vecino Tobes y Rahedo. En este último pueblo destaca su iglesia románica.

Melgosa de Burgos.

Tobes y Rahedo.

Iglesia de San Miguel, de Tobes y Rahedo.

Cerca, junto al camino que se dirige a La Molina, paralelo a la Serrezuela, aún es posible visualizar los escasos restos del antiguo poblado medieval de Rahedo, hoy en día poco más que unos muros entre la vegetación.

Calle de Tobes y Rahedo.
Salimos de Tobes y Rahedo camino de La Molina de Ubierna. Al fondo, el Utero, de 989 metros.
Desde Tobes, solo tenemos que salir por la parte oeste del pueblo para rodar paralelos a la sierra por una ancha pista, la cual, en unos cinco kilómetros, nos deja en La Molina de Ubierna, punto de origen del recorrido.


VALLE DE LAS NAVAS EN BICICLETA
Dificultad
Baja.
Ciclable
Sí.
Circular
Sí.
Orientación
Difícil ya que hay que tomar muchos desvíos y cruces sin señalizar y no hay referencias claras.
Época recomendable
De mayo a octubre. El resto del año puede estar embarrado.
Inicio
La Molina de Ubierna.
Distancia de Burgos
22,2 kilómetros.
Tiempo total
4 horas.
Distancia total
36,5 kilómetros.
Interés
Paisajes arcillosos del Mioceno del Valle de las Navas, pueblos pintorecos, iglesias románicas de Quintanarruz y Tobes.
Altitud mínima
691 m.
Altitud máxima
877 m.
Mapas
1:50000: 0167 Montorio; 0168 Briviesca.
1:25000: 0167-4 Hontomín; 0167-2 Abajas; 0168-1 Poza de la Sal.


Notas:
- Se recomienda asistir a la representación viviente de la Pasión en La Molina de Ubierna.
- Cuando se inaugure la Vía Verde del Santander-Mediterráneo, podrá recorrerse por esta senda rehabilitada el tramo entre La Molina y Arconada (a junio de 2013, es posible pedalear cómodamente el tramo entre Sotopalacios y las inmediaciones de la Molina pasando por Peñahorada).


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domingo, 9 de junio de 2013

Castillo de Malvecino

El Valle de Valdivielso encierra varias torres y castillos medievales que hablan del intenso pasado que tuvo durante la Edad Media. De todos ellos, el más inaccesible y por ello misterioso, es el castillo de Toba o Malvecino, encaramado en una impresionante atalaya sobre el valle. Su ascensión no es sencilla.

Seguramente se trate, junto con el castillo de Urria o Montealegre, emplazado sobre la ladera norte de la Tesla, y fuera del Valle de Valdivielso, de la fortaleza más inaccesible de la provincia de Burgos.

Castillo de Malvecino o de Toba
Para visitar el castillo, hay que acercarse primero al pueblo de Toba de Valdivielso. Para ello, saldremos por la CL-629 de Burgos a Villarcayo. Tras descender por el Puerto de la Mazorra, tomaremos el desvío a Logroño en Valdenoceda. En apenas diez minutos, llegaremos a Toba de Valdivielso.

Una vez en el pueblo, salimos por un camino que sale por su parte occidental, en el mismo sentido que hemos llegado. Pasamos por unas eras, hoy semiabandonadas, buscando algún camino o antiguo sendero oculto que debiera salir a nuestra izquierda y suba hacia el castillo. Efectivamente, en poco, llegamos a un cruce donde vemos una senda clara que sube con decisión hacia el monte.

Salimos de Toba de Valdivielso por las eras.
El camino asciende desde el principio con fuerte pendiente. A ambos lados, la vegetación amenaza con comerse su traza. Nos sorprende que este sendero de cabras aún perviva y no se interrumpa. Tras recorrer unos cuatrocientos metros cuesta arriba, tomamos un marcado sendero que surge a nuestra izquierda de un entrante. Nuestro GPS, nos dice que el castillo está cerca, aunque la espesa vegetación nos impide verlo. Al poco de tomar este desvío, el sendero desaparece entre los árboles, y no nos queda más remedio que avanzar por terreno impreciso. Tenemos que ir progresar salvando las aulagas y sorteando los troncos de los árboles.

Vista del valle desde el castillo de Malvecino.
Siguiendo las indicaciones de nuestro GPS, avanzamos con lentitud. Buscamos alguna trocha o entrante en algún lugar que nos permita encaramarnos a la plataforma donde se ubica el castillo, muy cerca ya de donde estamos, pero que persiste en permanecer oculto. Situados por fin justo en la vertical de los muros de la fortaleza, a escasa distancia, atacamos con decisión la cuesta que nos separa de la atalaya rocosa donde se emplaza. Por fin, con cierto alivio, tocamos la roca y tras una pequeña trepada, nos situamos en terreno descubierto sobre la misma plataforma donde se ubican los restos del castillo, cuyos muros vemos ya. El lugar es sencillamente impresionante.

Muro norte colgado sobre la roca.









Parte de sus muros aún persisten aferrados a la roca y podemos hacernos una idea de sus dimensiones, en todo caso reducidas.
Saetera en buen estado de conservación.



Aún se conservan sus cuatro muros, aunque los del lado norte son difíciles de visualizar por estar colgados sobre el vacío, lo cual hace difícil su observación.








Exploramos su interior, que se presenta completamente arrasado por los siglos de abandono. La maleza lo invade todo.

Interior del castillo.

Muro sur.


Para terminar disfrutamos de las extensas vistas aprovechando que el día primaveral es claro y nos permite hacer buenas fotos.



Las panorámicas sobre el valle son excepcionales
Frente a nosotros, contemplamos las perfectas estructuras que constituyen las hoces de Quecedo y Valhermosa, que se muestran como una perfecta lección de geología.


Sin duda, los que construyeron esta fortificación conocían muy bien dónde se disponía el mejor control visual del valle.

Extensa panorámica del valle.
Fresquera bajo el muro norte.


El Castillo de Malvecino

Dado lo interesante del lugar, reproduzco el texto íntegro explicativo del castillo que aparece en el libro "Arquitectura fortificada en la provincia de Burgos", de Inocencio Cadiñanos Bardeci:
" El castillo de Toba, tan misterioso por falta de noticias, creo que hay que identificarle necesariamente con el de Malvecino. García Sáinz de Baranda se empeñó en situarle «en la falda Sur de la sierra de Tesla, junto al Ebro». No da más detalles y hasta en ocasiones resulta contradictorio en sus afirmaciones, atribuyéndolo unas veces a «época de moros» y otras dando a entender que es posterior. No existe en Valdivielso el topónimo «Malvecino». Quizá la denominación popular del castillo roquero tuviera antiguamente sentido peyorativo entre los numerosos pueblos de behetría que le rodeaban.
En punto relativamente céntrico del valle de Valdivielso, donde adquiere su máxima anchura, y en lo alto de una difícil cumbre se alza este lejano y romántico castillo. Domina de forma aplastante el estrecho por donde discurre la vía más importante del valle, que recorre la margen derecha del Ebro.
Su plano es muy irregular por la adaptación a los bordes de la roca en que se asienta. Sus lados (excepto al Norte) resultan verdaderamente inaccesibles. La densa vegetación que rodea el castillo, y que también cubre el interior, dificulta en gran manera las mediciones. El espacio fortificado es muy alargado (unos 30 mts.) y estrecho. Los lienzos no son tan gruesos como en otras fortalezas, pues apenas alcanzan el metro de espesor. Se aprecian bien la planta baja y los mechinales de los dos pisos superiores. Algunos vanos, muy semejantes en proporciones a saeteras, se abren bajo arquillos góticos, tallados en un solo bloque de piedra.
Los materiales empleados, arrancados de su propia base, consisten en mala mampostería con esquinas de rojiza toba de regular calidad, todo relleno con piedra y cal.
«Enzima de el lugar de Toba que está a la parte del ábrego y falda de la sierra, forma esta como a su medio una espezie de Pirámide muy elevado y por remate tiene un Castillo de fábrica tan sólida que se parten las piedras antes de soltar la argamasa con que se unieron, tiene muchas troneras y no se puede andar a el derredor de el por la elebación y escarpado de la peña y solo tiene una entrada que es a el zierzo y parte que mira a el valle».
Huidobro y García Sáinz de Baranda añaden: «En la parte del Poniente, que es la más alta, se ve alguna sillería y quedan algunas almenas sencillas. Tenía su entrada al Norte, hoy desfigurada».


Vista desde el camino de Santa Olalla a la ermita de San Jorge y los altos del Páramo.


CASTILLO DE MALVECINO
Dificultad
Media, no hay caminos para llegar y hay que transitar por terreno muy agreste. Precación en la trepada final para llegar a los muros.
Ciclable
No.
Circular
No.
Orientación
Difícil.
Época recomendable
Todo el año, aunque evitar época de lluvias en que el terreno puede estar muy resbaladizo.
Inicio
Toba de Valdivielso.
Distancia de Burgos
69,3 kilómetros.
Tiempo total
1 hora 15 minutos.
Distancia total
2 kilómetros.
Interés
Ruinas del castillo de Malvecino. Panorámicas del Valle de Valdivielso y la Sierra de la Tesla.
Altitud mínima
625 m.
Altitud máxima
785 m.
Mapas
1:50000: 0135 Sedano.
1:25000: 0135-2 Dobro.



Notas:
- El último tramo de ataque al castillo se produce por terreno muy agreste entre la maleza y el acceso final solo es posible tras una pequeña trepada. Extremar la precaución.
- Desde el camino de Santa Olalla hasta la ermita de San Jorge se disfrutan de las mejores panorámicas sobre el castillo.
- También se obtienen buenas vistas desde la ermita de Pilas, en Quecedo, justo enfrente del castillo.
- En la vertiente norte de la Sierra de la Tesla se halla el castillo de Montealegre, que guarda muchas similitudes con el de Malvecino (ver entrada correspondiente).


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sábado, 8 de junio de 2013

Santorcaz desde Rojas de Bureba

El Santorcaz es una modesta cumbre burebana emplazada sobre una alineación montañosa paralela a los montes de Santa Casilda. Su ascensión desde el pueblo de Rojas no ofrece dificultad alguna. Desde su cima, hay buenas panorámicas de la comarca de Poza de la Sal y los montes de Santa Casilda al sur. El paseo se completa a través del monte de Piérnigas, por una espléndida pista recientemente restaurada.

Para llegar a Rojas, salimos por la carretera Poza de la Sal desde Burgos. Tras pasar los Rublacedos, cogeremos el desvío a mano derecha que lleva al pueblo pasando por Quintanilla-Urilla. Podemos dejar el coche en el pueblo, pero nosotros tomamos una pista agraria a la salida del pueblo y nos acercamos al Santorcaz. Dejamos el coche a un lado del camino.La pista, tuerce hacia la montaña, que vemos destacarse nítidamente al sur frente a nosotros.

Rojas de Bureba.


Restos del castillo de Rojas.

Avanzamos por el camino y ascendemos lentamente hasta un collado que separa el Santorcaz , a nuestra derecha, de la Peña Mayor, a nuestra izquierda.

Pico Santorcaz.
Desde el collado, hay que subir ladera arriba por una trocha que sube fuerte entre los matorrales. No hay ninguna dificultad ya que el monte en general está limpio y el desnivel que superamos es pequeño, convirtiéndose en un agradable paseo.


La cumbre es despejada y plana. Hay enormes acumulaciones de piedras, restos de la antigua ermita de San Torcuato, que se ubicó en esta cumbre y dio nombre a la montaña.

Cumbre del Santorcaz.
Desde la cumbre divisamos hacia el norte la comarca de Poza de la Sal y el Páramo de Masa. Hacia el este, tenemos la inconfundible silueta de la Mesa de Oña y los Obarenes detrás. Hacia el sur, los montes anexos a Santa Casilda.

Restos pétreos de la antigua ermita de San Torcuato, hoy desaparecida.
Panorámica desde la cumbre del Santorcaz.
Para descender, avanzamos por terreno indefinido ladera abajo por su parte septentrional, hasta retomar el camino que traíamos de Rojas. La pendiente es muy suave y el descenso es muy sencillo.
Podríamos volver desde aquí al coche, pero alargamos la excursión continuando por el camino que en poco se convierte en una ancha pista. Recientemente ha sido restaurado el camino, que rodea el monte de Peña Mayor o Montecillo, muy frondoso e impenetrable.
El firme es sólido y sería perfectamente ciclable. A medio camino, hacia al sur, encontramos un área de descanso con mirador y panel explicativo. La pista va descendiendo por el monte de encinas y carrascas sin pérdida alguna hacia Piérnigas, ya en el llano abajo.

Llegamos a Piérnigas.
Arquitectura tradicional burebana en Piérnigas.
En Piérnigas destacan algunas construcciones tradicionales burebanas. Fuera del pueblo, sobre una recóndita vaguada, se halla la ermita románica de San Martín,
Desde aquí, solo queda retornar al vecino Rojas. Salimos del pueblo por un camino entre campos de labor y tapiales, a la vista de Rojas, muy cercano ya. Por esta pista llegamos al coche y retornamos a Rojas.

Aunque la ruta de ascensión al monte ha terminado, aún prolongamos la visita al entorno explorando la senda que sigue el arroyo de Santa Casilda en las cercanías de Rojas, donde forma una pequeña garganta. Se accede desde el mismo pueblo tomando un camino que sube hacia el sur. El arroyo atraviesa la montaña y ha formado algunas cuevas. Nada más introducirnos en la estrechez, visitamos la cueva de la Virgen, con imagen en su interior.

SANTORCAZ DESDE ROJAS DE BUREBA
Dificultad
Baja.
Ciclable
No.
Circular
Sí.
Orientación
Fácil.
Época recomendable
Todo el año, aunque evitar época de lluvias.
Inicio
Rojas de Bureba.
Distancia de Burgos
38,9 kilómetros.
Tiempo total
2 horas 20 minutos.
Distancia total
7 kilómetros.
Interés
Paisajes de la Bureba, pueblos pintorescos.
Altitud mínima
740 m.
Altitud máxima
1081 m.
Mapas
1:50000: 0168 Briviesca.
1:25000: 0168-1 Poza de la Sal; 0168-3 Rojas de Bureba.

Notas:
- En Rojas hay que visitar las ruinas del castillo de los Velasco, emplazado sobre un otero dominante.
- También merece la pena visitar la ermita románica de San Martín, una de las joyas románicas de la Bureba.


Piérnigas: ermita de San Martín.


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jueves, 6 de junio de 2013

Camino de Santiago (I): de Belorado a Burgos en bicicleta

El Camino de Santiago recorre la provincia de Burgos de este a oeste aproximadamente por su punto medio o "ecuador". Como unos peregrinos más, recorreremos el tramo oriental del Camino, partiendo de Belorado. Pasaremos por los Montes de Oca y la Sierra de Atapuerca antes de entrar en Burgos por la carretera N-I.

Ver la entrada: Camino de Santiago (y II): de Burgos a Puente Fitero en bicicleta.

El punto de partida elegido es Belorado, a donde se llega en aproximadamente 35 minutos desde la ciudad de Burgos. Lógicamente, tras recorrer la ruta, será necesario volver para recoger el coche.

Belorado.
Todo el recorrido está perfectamente señalizado, por tratarse de la Vía Jacobea. En Belorado, iniciamos la ruta saliendo por la carretera de Burgos, desde donde enlazamos fácilmente con la senda del camino nada más terminar las últimas casas del pueblo. Se encuentra en todo caso muy bien señalizado. El Camino de Santiago discurre por el lado izquierdo de la carretera.
Cruzaremos primero el río Tirón y proseguimos por terreno despejado entre oteros, buscando los Montes de Oca, que ya se atisban en el horizonte. La marcha es muy fácil y placentera y nos ayuda a calentar antes de afrontar la subida.

Llegando a Tosantos, primer pueblo después de Belorado.
Villambistia, junto a la carretera Burgos - Logroño.
Pasados los pueblos de Tosantos y Villambistia, situados en el llano, cruzaremos la carretera para acceder a Espinosa del Camino y continuar por la margen derecha de la carretera, ya muy próximos a Villafranca Montes de Oca, gran hito de la ruta en la provincia de Burgos.

Espinosa del Camino.
Sin embargo, antes de llegar, pasamos junto a los restos de la ermita de San Félix de Oca, hoy reducido a tan solo un ábside arruinado. Estos pueden ser los únicos restos que quedan de la antigua iglesia que regía la Diócesis de Oca, que precedió a la de Burgos hasta finales del siglo XI.

Restos de San Félix de Oca.
Llegamos a Villafranca-Montes de Oca.  A la entrada podemos encontrar bares, restaurantes y el albergue, en la parte alta del pueblo, desde donde retomamos el Camino por una senda boscosa.

Trigales junto a Espinosa del Camino.
Nada más dejar las últimas casas del pueblo, la pista se va empinando y nos introducimos en los Montes de Oca. Éste era en la antigüedad uno de los tramos más peligrosos de todo el Camino de Santiago por la gran cantidad de malhechores y bandidos que lo acechaban.
Hoy en día el camino es muy placentero ya que rodamos por una amplia pista forestal en muy buen estado.

Entramos en Villafranca-Montes de Oca.
Albergue de Villafranca-Montes de Oca, junto al Camino en la parte alta del pueblo.
Al poco, nos acercamos a la carretera, a nuestra izquierda, a la altura del Puerto de la Pedraja, junto a los restos del Hospital de Valdefuentes, hoy una humilde ermita.

Tramo del Camino de Santiago paralelo al Puerto de la Pedraja.
Tras abandonar la Pedraja, la pendiente se suaviza y continuamos por largas pistas-cortafuegos entre pinares, al encuentro del otro gran hito de este tramo: San Juan de Ortega donde entramos media hora más tarde.


Llegando a San Juan de Ortega.
El exiguo caserío, testimonio del antiguo pueblo, alberga la joya del Camino de Santiago burgalés: el Santuario de San Juan de Ortega. Junto al monasterio y la alberguería, descansamos. Continuamos viaje, ya abandonando definitivamente los Montes de Oca y acercándonos a la Sierra de Atapuerca y su entorno, a las puertas de Burgos.

San Juan de Ortega.
Descendemos al pueblo de Agés.
La salida de San Juan de Ortega se realiza atravesando aún un pequeño bosquete que desciende ya por terreno abierto y cruzando una gran trinchera ferroviaria hacia el pueblo de Agés. En el pueblo, muy restaurado hoy en día y con establecimientos hosteleros, nos incorporamos a la carretera que se dirige al cercano pueblo de Atapuerca.
A la salida de Agés merece la pena visitar el puentecito medieval sobre el río Vena, construido según la tradición por el mismo San Juan de Ortega.
Seguimos por la carretera hasta el cercano pueblo de Atapuerca.
Antes de entrar, admiramos junto a la carretera los monolitos levantados para celebrar la famosa batalla que se desarrolló aquí en 1054 entre los dos hermanos reyes, Fernando I de Castilla y García de Navarra. Este último murió en estos campos.

Megalitos conmemorativos junto a la carretera de Agés a Atapuerca.
Atapuerca: Albergue de peregrinos e iglesia.
Pasamos el pueblo y a la salida, tomamos el camino que sale a nuestra izquierda, junto a unas mesas. Por el camino, subimos fuerte hacia los modestos altos de la Sierra de Atapuerca.
En su parte más alta, encontraremos los restos pétreos abandonados o creados por los muchos peregrinos que han pasado por aquí.  Estos altos, son el primer lugar desde donde es visible la ciudad de Burgos, ya visible a lo lejos. Antes, frente a nosotros y abajo, el Valle del Riopico.

Sierra de Atapuerca: panel sobre el camino entre Atapuerca y Villaval.
Descendemos dejando el pueblo de Villalval, cerca a nuestra izquierda y continuamos  por un pequeño tramo de carretera  entrada al Valle del Riopico.
La traza histórica del Camino de Santiago no pasa por ninguno de los pueblos del valle, así que continuaremos por una pista entre trigales, dejando sucesivamente a nuestra izquierda y un poco abajo los pueblos de Cardeñuela y Orbaneja-Riopico, para enlazar con la carretera N-I a la altura del barrio de Villafría.
Una vez en la carretera nacional, solo tenemos que continuar calle abajo para entrar en la ciudad de Burgos por el barrio de Gamonal tras haber recorrido 47 kilómetros desde Belorado y haber pedaleado algo más de tres horas y media.

Orbaneja-Riopico.

De Belorado a Burgos en bicicleta

Notas
- En la mayoría de los pueblos por los que pasa el Camino hay bar o cantina donde descansar.
- Hay peregrinos que desde Atapuerca cruzan la sierra y bajan a la carretera Burgos-Logroño a la altura de Zalduendo para continuar paralelos a ella y adentrarse en la ciudad de Burgos por Fuentes Blancas. Aunque el recorrido es más ameno y se evita mucho tráfico, no es el camino histórico.
- Aunque obviamos los pueblos de Orbaneja y Cardeñuela-Riopico, se recomienda volver por estos dos pueblos ya que el tramo realizado es anodino y sin mayor interés.

Entradas relacionadas


Mapa topográfico: Belorado - San Juan de Ortega


Mapa topográfico: San Juan de Ortega - Burgos

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